Los niños no tienen prejuicios racistas a los cinco o seis años de edad

Una investigación ha tratado de determinar la aparición de los prejuicios racistas en los niños, según los resultados, a los cinco o seis años de edad los niños no tienen este tipo de problemas y creen que el color de la piel no es un factor determinante en la personalidad de los individuos.

Racismo en los niños

Hoy conocemos los resultados de un estudio desarrollado por la Universidad de Nueva York (Estados Unidos) en colaboración con la Universidad de Ámsterdam (Países Bajos), en el que se concluye que los niños no tienen prejuicios racistas a los cinco o seis años de edad, se demuestra que la idea de que la raza se asocia a determinados rasgos que dividen a las personas en diferentes categorías no es innata. Los niños no perciben el color de la piel como un factor determinante en la personalidad, considerando que lo más importante es el entorno en el que cada niño crece.

Los niños perciben este tema a un nivel equiparable al de los científicos, donde el concepto de raza humana ha caído en desuso, ya que se ha demostrado que la raza es una categoría social y no natural. La raza no es una cuestión biológica que determine la personalidad y así se confirma a través de disciplinas como la biología evolutiva, la genética o la antropología. Lamentablemente, a día de hoy muchas personas consideran que el color de la piel determina biológicamente la personalidad de un individuo, se siguen defendiendo argumentos sin sentido propios de la pseudociencia en torno al supremacismo racial, que existen etnias superiores a otras.

Para los investigadores el estudio es importante, ya que sus resultados sirven para entender cómo y cuándo se originan los prejuicios racistas, desmontando esas ideas falsas asociadas al supremacismo racial. En el estudio se han medido especialmente dos factores considerados cruciales y que podrían afectar a lo que los niños opinan sobre la raza, por un lado, la exposición a la diversidad, y por el otro, las creencias de sus padres sobre la raza, aunque ciertamente existen otros factores que pueden influir. Basta con decir que, dependiendo del entorno en el que crecen los niños, quienes son sus amistades, si en el tipo de colegio al que acuden conviven diferentes razas, etc., el concepto de ‘raza’ pierde importancia.

La integración, la igualdad, la convivencia y otros aspectos son elementos que pueden combatir y eliminar los prejuicios racistas antes de que aparezcan, si además, en el seno familiar la raza no se considera un factor de diferenciación, es muy difícil que un niño pueda tener ideas asociadas al supremacismo racial. En esta investigación participaron un grupo de 203 niños de entre cinco y seis años de Nueva York y 430 adultos de distintas ciudades estadounidenses de raza negra y de raza blanca.

A los dos grupos se les realizaron preguntas como si consideraban que el color de la piel era un rasgo heredado, y si creían que la raza determinaba cómo sería cada persona cuando creciera, es decir, una asociación entre raza y capacidad intelectual, amabilidad, fuerza física, etc. En el caso de los niños del estudio, los expertos tuvieron en cuenta factores como el entorno en el que vivían. Según leemos aquí, las respuestas variaron dependiendo de la exposición que tenía cada niño a la diversidad, si en un barrio predominaba una sola etnia le daban más importancia a la raza en el desarrollo de la persona, si en el barrio predominaba la diversidad de razas, entendían que era un factor heredado y tanto los rasgos psicológicos como el comportamiento de cada uno dependía de su ambiente.

Se constató que el lenguaje utilizado por los padres para referirse a personas de diferentes etnias influía en la percepción y creencia de los niños. Lo cierto es que esto ya se sabe desde hace tiempo, el núcleo familiar tiene un gran peso en la educación y formación de los niños, si los padres son racistas es probable que los hijos también lo sean. Saber cómo y cuándo se desarrollan los estereotipos y prejuicios sobre la raza sirve para poder diseñar estrategias para combatirlos. Podéis conocer todos los detalles de la investigación a través de este artículo publicado en Child Development y en la página web de la Universidad de Nueva York.

Foto | Philippe Put

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