Los antojos alimentarios de los niños son más intensos pero los gestionan mejor

Una investigación muestra que los antojos alimentarios de los niños son más intensos, pero son capaces de gestionarlos mejor y evitarlos, así se muestra en las imágenes obtenidas mediante resonancia magnética.

Deseos alimentarios infantiles

Una investigación desarrollada por expertos de la Universidad de Columbia (Estados Unidos), concluye que los niños tienen antojos alimentarios más intensos pero son capaces de gestionarlos mejor que los adolescentes o los adultos. Según los investigadores, los niños utilizan una estrategia cognitiva capaz de reducir el antojo o la ansiedad por un alimento con mayor eficacia, lo que sugiere que se puede contar con otra herramienta para luchar contra el sobrepeso y la obesidad infantil.

Actualmente las estrategias para luchar contra el sobrepeso o la obesidad se centran en reducir el sedentarismo promoviendo la actividad física, cambios en las dietas y los hábitos, etc. Pero aunque este tipo de estrategias son importantes para lograr alcanzar la meta, la tentación de disfrutar de las golosinas, la bollería y otros alimentos que favorecen el sobrepeso y la obesidad, no siempre se puede evitar. Si los niños a los 6 años de edad pueden aprender a utilizar dicha estrategia cognitiva, podrán evitar con mejor resultado esas tentaciones alimentarias.

En la investigación se pretendía medir la ansiedad por la comida y los mecanismos de regulación que se utilizan según la edad, participaron 105 personas con edades comprendidas entre los 6 y los 23 años, se les mostraron fotografías de una gran variedad de alimentos dulces y salados, todos ellos poco saludables pero apetitosos, mientras los participantes eran sometidos a una exploración cerebral con una resonancia magnética. A los participantes se les pedía imaginar, mientras veían algunas imágenes, que la comida estaba frente a ellos y que se centrarán en cómo olía y qué sabor podía tener. En la visualización de otras imágenes se les pedía que imaginaran que la comida estaba lejos y que se centraran solamente en su forma y color.

Después de cada imagen, todos los participantes del estudio debían calificar el deseo de comer los alimentos que habían visto. Imaginar el sabor, el aroma, la forma y el color de los alimentos facilitó a los investigadores evaluar la estrategia cognitiva que redirige la atención, pasando de imaginar el sabor y el olor, a la forma y el color. Los expertos explican que en general cuando los sujetos del estudio imaginaban los aspectos visuales de los alimentos, tenían menos deseos de comerlos, el ansia por probarlos se reducía en un 16%, se constató también que el deseo de disfrutarlos era mayor en los niños, pero también tenían mayor capacidad de reducir el deseo.

Los análisis de las imágenes obtenidas con la resonancia magnética mostraron que la reducción de la ansiedad se asociaba a una mayor actividad de la corteza pre frontal lateral del cerebro, zona que está implicada en el autocontrol, también se apreció una disminución de la actividad relacionada con los mecanismos de recompensa. Dentro del grupo de los niños, los que tenían un Índice de Masa Corporal mayor, tenían menos actividad cerebral pre frontal cuando se utilizó la estrategia cognitiva para poder regular el ansia por la comida, en cambio, en los niños con un IMC normal era menor, estos resultados sugieren que las áreas cerebrales involucradas en la ansiedad por la comida varían dependiendo de la masa corporal.

Los investigadores concluyen que los antojos alimentarios de los niños son más intensos pero los gestionan mejor, además destacan que el IMC influye en la gestión de los deseos, consideran que estos conocimientos son básicos para poder entender la relación con los cambios y el tipo de alimentos que se consumen a lo largo de la vida. Lo que no nos queda muy claro es cómo se puede utilizar esta estrategia cognitiva como herramienta para controlar el deseo por los alimentos poco saludables, no es lo mismo ver fotografías que tener delante los alimentos, no es lo mismo imaginarse el olor que percibirlo, quizá se debería realizar un nuevo estudio pero utilizando alimentos de verdad.

Podéis conocer todos los detalles de esta curiosa investigación a través de este artículo publicado en la revista científica Psychological Science.

Foto | Monkey Business

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