Las enfermedades mentales asociadas a los traumas infantiles pueden transmitirse entre generaciones

Un estudio concluye que los traumas que se pueden sufrir en la infancia, como las penurias y la evacuación por un conflicto bélico, pueden provocar problemas de salud mental que podrían transmitirse a las siguientes generaciones. Los expertos creen que esto puede ocurrir por un cambio epigenético o por el modo en el que estos traumas condicionan a quienes los sufren, afectando a su desarrollo psicológico e influyendo en el estilo de crianza de sus descendientes.

Experiencias traumáticas en la infancia

En anteriores investigaciones se ha demostrado que una experiencia traumática durante el embarazo puede tener consecuencias negativas en la descendencia, pero según un nuevo estudio realizado por expertos de la Universidad de Uppsala (Suecia), la Universidad de Helsinki (Finlandia) y los Institutos Nacionales de Salud (Estados Unidos), los efectos de los traumas y sus consecuencias en la infancia tienen un efecto más duradero pudiendo ser transmitido a las siguientes generaciones.

Los expertos comentan que las enfermedades mentales asociadas a los traumas infantiles sufridos por niñas, por ejemplo, haber experimentado penurias y la posterior evacuación por una guerra, pueden transmitirse entre generaciones y afectar a las hijas que tengan esas niñas. Para llegar a esta conclusión los investigadores evaluaron los registros de 46.000 niños finlandeses nacidos entre 1933 y 1944 que fueron evacuados de sus hogares para protegerlos de los bombardeos, la desnutrición y otros peligros causados por la Segunda Guerra Mundial, y lo compararon con el registro de más de 93.000 descendientes nacidos en la década de los 50.

De estos 93.000 descendientes, 3.000 eran hijos de padres que habían sido evacuados a Suecia siendo niños, el resto eran descendientes de padres que permanecieron en Finlandia durante la guerra. Según los análisis, las mujeres evacuadas y sus hijas descendientes, tenían un mayor riesgo de ser hospitalizadas por trastornos mentales como, por ejemplo, trastorno bipolar o depresión, que los descendientes cuyos padres decidieron permanecer en el país durante el periodo de guerra.

Los niños de preescolar que fueron evacuados a otros países tuvieron que sufrir la separación de sus familias, tuvieron que marchar con familias de acogida, afrontaron el estrés de adaptarse a las nuevas familias y en muchos casos a tener que aprender un nuevo idioma. Al volver a su país experimentaron otra nueva readaptación que les provocó una nueva situación de estrés. Muchos niños no fueron evacuados y permanecieron junto a sus padres en el país, pero existe poca información sobre las razones de estas decisiones, aunque gracias a ello se ha podido realizar este estudio.

Al realizar las comparativas se constató lo antes comentado, a pesar de que la descendencia de estas niñas no había sufrido las penalidades causadas por una guerra, tenían mayor riesgo de sufrir enfermedades mentales que los niños que no fueron evacuados y el mismo riesgo de sufrir trastornos mentales que sus madres (las que fueron evacuadas).

Aunque se ha encontrado esta relación, se desconoce la razón por la que las hijas de las mujeres evacuadas tenían un mayor riesgo de enfermedad mental. Una posibilidad que se baraja es que el estrés de la experiencia de los evacuados afectó a su desarrollo psicológico e influyó en el estilo de crianza de sus hijas. También se considera que se pudieran provocar cambios epigenéticos, en este sentido citan como ejemplo los supervivientes del Holocausto nazi, ellos tenían niveles más altos de compuestos conocidos como grupos metilo, que se unieron al gen FKBP5, y este cambio responsable de alterar la producción de cortisol, hormona esteroidea que regula la respuesta del estrés, fue transmitido a la descendencia.

A raíz de los resultados obtenidos sobre el riesgo psiquiátrico a largo plazo y que fue heredado por la descendencia, los expertos manifiestan que es necesario sopesar los beneficios y los riesgos potenciales, a la hora de diseñar políticas para la protección infantil. Se puede citar, por ejemplo, el problema de los refugiados sirios, miles de niños han tenido que ser realojados en otros países y el mayor riesgo que tienen de sufrir problemas mentales podría ser transmitido a su descendencia.

Los investigadores consideran que es necesario realizar nuevos estudios para comprender cómo afecta la salud mental de los padres y a su descendencia la experiencia de la guerra, de este modo se podrán desarrollar políticas de intervención que sean más eficaces a la hora de ayudar a las familias afectadas por un conflicto armado. La investigación es compleja pero interesante, ya que es una prueba de que las consecuencias de determinados problemas experimentados en la infancia pueden ser heredadas por las próximas generaciones.

Podéis conocer todos los detalles del estudio a través de este artículo publicado en la página del National Institutes of Health (NIH).

Foto | European Commission DG ECHO

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