La memoria de trabajo ayuda a que los niños digan mejores mentiras

Una investigación demuestra que los niños que son buenos mentirosos, tienen más memoria de trabajo verbal, más memoria y más capacidad para razonar, lo que facilita que digan mejores mentiras.

Mentiras infantiles

Un estudio desarrollado por investigadores de la Universidad del Norte de Florida (Estados Unidos) concluye que la memoria de trabajo ayuda a que los niños digan mejores mentiras. Los expertos explican que la memoria de trabajo es la capacidad de procesar la información, cuanto mayor sea la memoria de trabajo verbal de un niño, mayor será su capacidad para procesar la información para decir una mentira que resulte creíble.

Esta conclusión nos lleva a deducir que un niño que dice mentiras ingeniosas y creíbles tiene mejor memoria y mayor capacidad para pensar y razonar, aspectos necesarios para construir una buena historia que resulte creíble. La investigación demuestra que los procesos del pensamiento, y concretamente los relacionados con la memoria de trabajo verbal, son importantes para poder desarrollar interacciones sociales complejas, como por ejemplo el acto de mentir, son niños que necesitan ingeniárselas utilizando múltiples fragmentos de información para estructurar el resultado haciéndolo creíble.

En la investigación participaron 137 niños con edades comprendidas entre los 6 y 7 años, en una prueba los niños tenían la oportunidad de hacer algo que en principio estaba prohibido. Se les proporcionó una serie de tarjetas en las que aparecía una pregunta (similar al juego del trivial), los niños sabían que la respuesta estaba en el reverso de la tarjeta, pero también sabían que no debían consultarla. Las preguntas estaban basadas en el nombre de un personaje de ficción infantil, en el reverso de las tarjetas decoradas en diferentes colores aparecía la respuesta y una fotografía del personaje.

Los colores y la fotografía permitirían a los investigadores saber qué niños habían mentido, éstos salieron de la habitación mientras una cámara oculta observaba lo que hacían. Los expertos pidieron a los niños las respuestas a las preguntas formuladas, se midieron dos elementos, la memoria de trabajo verbal y visual-espacial en los niños. El primer parámetro corresponde al número de palabras que se pueden recordar al mismo tiempo, y el segundo parámetro corresponde al número de imágenes que se pueden recordar.

Evidentemente los niños que miraron la respuesta (hicieron trampas) contestaron correctamente a las preguntas, pero cuando se les preguntó por el color del reverso de la tarjeta y la imagen que aparecía, aquellos niños que tenían una mayor memoria de trabajo verbal respondieron de forma errónea con el fin de disimular que habían mirado el reverso de la tarjeta (conducta bastante ingeniosa). Los niños con menor memoria verbal que respondieron correctamente a la pregunta del color y la imagen por haber mirado el reverso, delataron que habían mirado la respuesta.

Los investigadores explican que los niños que se consideran buenos mentirosos, tuvieron un mejor resultado en la prueba de memoria de trabajo verbal, tanto en el sistema de procesamiento como de la memoria. Los expertos consideran que el vínculo entre la mentira y la memoria verbal tiene su origen en el hecho de que para poder ocultar una mentira, es necesario el seguimiento de mucha información verbal, precisamente quienes construyeron mejor las mentiras tenían más memoria y más capacidad de realizar un seguimiento de la información desarrollando y manteniendo una historia creíble que evitará delatar la mentira.

Con respecto a las imágenes relacionadas con el trabajo visual-espacial, no hubo diferencias entre los buenos y los malos mentirosos, la razón probablemente se deba a que la mentira no implica el seguimiento de imágenes, siendo este parámetro menos importante a la hora de construir una mentira creíble. En definitiva, los niños que son capaces de construir una buena mentirá debería poder ser mejores estudiantes, ya que su memoria y capacidad para pensar y razonar son mayores. La investigación es bastante curiosa, podéis conocer los detalles a través de este artículo publicado en la página web de la Universidad del Norte de Florida, y en este artículo de la revista científica Journal of Experimental Child Psychology.

Foto | Lupuca

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