La exposición al humo del tabaco durante el embarazo y la infancia se asocia a la pérdida de audición

Según los resultados de una investigación japonesa, los niños que han sufrido exposición al humo del tabaco mientras estaban en el vientre materno, tienen un 68% más probabilidades de sufrir pérdidas auditivas, si además fueron expuestos al tabaco durante la primera infancia, tienen hasta 2’4 veces más probabilidades de sufrir pérdida de audición en comparación con los niños que no fueron expuestos al humo del tabaco.

Pérdida de audición y tabaco

Según los resultados de un estudio realizado por expertos de la Universidad de Kyoto (Japón), la exposición al humo del tabaco durante el embarazo y la infancia se asocia a la pérdida de audición, por lo que los niños que han sido expuestos al humo del tabaco cuando estaban en el útero materno y al principio de la infancia, tenían hasta el doble de posibilidades de sufrir pérdida auditiva en comparación con los niños que no sufrieron en ningún momento exposición al humo del tabaco.

Investigaciones anteriores han sugerido en sus resultados que los fumadores adultos tienen más riesgo de sufrir pérdida auditiva que los adultos que no son fumadores, sin embargo, los expertos comentan que se sabía menos sobre la relación entre la exposición al humo del tabaco durante el embarazo y la primera infancia con la pérdida auditiva, por ello decidieron iniciar esta nueva investigación para analizar los datos y comprobar si se sucedía el mismo patrón.

Para llegar a la citada conclusión se analizaron los datos de 50.734 niños nacidos entre el año 2004 y el año 2010 en la ciudad de Kobe (Japón), del análisis se desprendió que alrededor de un 4% de los niños estuvieron expuestos al tabaquismo durante el embarazo o la infancia, y sólo un 1% sufrió una exposición al humo del tabaco en las dos etapas. En las pruebas de audición realizadas cuando los niños tenían tres años, se determinó que un 4’6% de los pequeños tenían pérdidas auditivas, siendo los grupos de exposición al tabaco los que más las sufrían.

Según los resultados, los niños expuestos al humo del tabaco durante el embarazo tenían un 68% más probabilidades de sufrir pérdidas auditivas, por otro lado, una exposición al tabaco durante la primera infancia, provocaba que los niños tuvieran un 30% más de posibilidades de sufrir pérdida auditiva. Si los niños eran expuestos al humo del tabaco en los dos periodos, tenían hasta 2’4 veces más probabilidades de sufrir pérdida de audición en comparación con los niños que no fueron expuestos al humo del tabaco.

Parece ser que la exposición al humo durante el embarazo tiene un efecto potenciador, de ahí que las probabilidades de pérdida de audición aumenten de forma significativa. Por tanto, el humo del tabaco no sólo puede afectar al desarrollo cerebral del bebé y provocar otros problemas de salud, también puede alterar y dañar los receptores sensoriales del oído. A nivel mundial, unos 68 millones de personas sufren discapacidad auditiva y la mayoría la desarrollaron en la infancia, los expertos creen que una buena parte de los afectados la sufren debido a su exposición al tabaco.

El estudio no fue diseñado para demostrar causalidad y no se probó que la exposición al tabaco durante el embarazo o la infancia podría causar directamente la pérdida auditiva en los niños. También se destacan algunos defectos de procedimiento como la falta de una evaluación médica estandarizada de la audición o el examen de los oídos por los especialistas, tampoco se ha determinado la gravedad de la pérdida auditiva y no se realizó un seguimiento a los niños durante la infancia.

A pesar de todo, se considera que los resultados se suman a la evidencia de que existe una relación entre la exposición al tabaco y los problemas de audición. Por ello, los expertos consideran que es necesario que las madres no fumen durante el embarazo y eviten que sus hijos pequeños puedan estar expuestos al tabaco para evitar problemas de audición y problemas de salud en general. Podéis conocer todos los detalles de la investigación a través de este artículo publicado en la revista científica Paediatric and Perinatal Epidemiology.

Foto | Betty Nudler

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