La enfermedad inflamatoria intestinal en la infancia se asocia a un mayor riesgo de cáncer

Según una investigación desarrollada por expertos del Instituto Karolinska, sufrir la enfermedad inflamatoria intestinal o EII en la infancia, se asocia a un mayor riesgo de sufrir diferentes tipos de cáncer, pero sobre todo cáncer gastrointestinal. Sin embargo, en términos relativos la incidencia es muy reducida.

Enfermedad de Crohn

Según los resultados de una investigación desarrollada por expertos del Instituto Karolinska (Suecia), la enfermedad inflamatoria intestinal en la infancia se asocia a un mayor riesgo de cáncer, especialmente cáncer gastrointestinal, tanto en la infancia como en edad adulta. Hasta la fecha, enfermedades de este tipo, como la colitis ulcerosa o la enfermedad de Crohn en adultos, se asociaban a un mayor riesgo de cáncer, pero no se habían realizado estudios que explicasen cómo afecta sufrir una de estas enfermedades en la infancia y en el riesgo de desarrollar cáncer.

La enfermedad inflamatoria intestinal o EII es un término que se aplica a una serie de problemas que afectan, sobre todo, al intestino, caracterizados por producir una inflamación crónica. Además de la colitis ulcerosa o la enfermedad de Crohn, en algunos casos no está claro si el paciente sufre una u otra enfermedad, por lo que se diagnostica que sufre colitis indeterminada. Aunque estas son las enfermedades más destacadas, otros especialistas incluyen otras patologías diferentes, pero son estas tres las que habitualmente se consideran en la EII.

Los investigadores analizaron los datos de 9.405 pacientes diagnosticados con la enfermedad inflamatoria intestinal entre 1964 y 2014, antes de que cumplieran la mayoría de edad, también se analizaron los datos de 92.870 personas que no sufrían EII y que actuaron como grupo de control. Según los resultados obtenidos, las personas que tenían antecedentes de EII antes de cumplir los 18 años, tenían el doble de riesgo de desarrollar cáncer en comparación con las personas que no sufrieron las mencionadas enfermedades. Los expertos explican que se observó que el mayor riesgo fue para el cáncer intestinal, aunque en general también fue elevado para otros tipos de cáncer.

Se considera que la principal causa de ello es, precisamente, la inflamación crónica, ya que se sabe que es un factor de riesgo en diferentes tipos de cáncer. Si un niño desarrolla esta enfermedad significa que su organismo está expuesto a la inflamación durante un largo periodo de tiempo, por lo que es posible que el riesgo de cáncer se incremente en comparación con quienes desarrollen EII en la adolescencia o en la edad adulta.

Los investigadores comentan que el tratamiento de la enfermedad inflamatoria intestinal ha mejorado considerablemente durante los últimos años gracias a los fármacos inmunomoduladores, medicamentos que actúan sobre el sistema inmunológico modulando su actividad, ya que en enfermedades como la colitis ulcerosa o la enfermedad de Crohn, las funciones inmunes están alteradas. Pero apuntan que este hecho no ha propiciado que se reduzca la incidencia de cáncer asociado a estas enfermedades.

El riesgo de cáncer aumenta tras pasar un año del diagnóstico y se incrementa a medida que pasan los años, a los 30 años de edad el riesgo de cáncer fue de 3’3 casos por cada 1.000 personas, en el grupo de control esta cifra se redujo a 1’5 casos, algo más de la mitad. A pesar de que se incremente la posibilidad de sufrir cáncer y teniendo en cuenta las cifras, los expertos comentan que es un riesgo bajo, por otro lado, el estudio no fue diseñado para demostrar causalidad, por lo que no se pudo asociar la relación entre EII y cáncer.

Los investigadores consideran necesario que se conozca el riesgo de cáncer para que la familia comprenda la necesidad de realizar exploraciones en los niños, por ejemplo una colonoscopia. Por otro lado, comentan que la mayoría de los niños y jóvenes no desarrollan cáncer, y algunos de estos cánceres son extremadamente raros, siendo un modo de tranquilizar a las familias. Podéis conocer todos los detalles de esta investigación a través de este artículo publicado en la página web de la revista científica BMJ.

Foto | Ed Uthman

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