La disciplina de los niños III

disciplina en niños

En artículos anteriores hablábamos sobre la disciplina de los niños y algunas formas de comenzar a inculcarles estos valores. De este modo, los resultados que alcanzaremos en un principio serán de mera diversión para nuestro hijo, aprendiendo mientras juegan y se divierten en lugar de mediante castigos y enfados. Sin embargo, el resultado que lograremos más adelante será de gran importancia para su educación.

Cuando son tan pequeños, los niños, que aún no saben distinguir lo que está bien de lo que está mal, son incapaces de escoger entre portarse bien y portarse mal; están creciendo y formándose como “personitas” por eso no hay que desesperarse.

Además, cuando menos te lo esperes, llegará el momento en que se darán cuenta del significado de todo lo que le has dicho hasta ese momento y entonces verá los resultados de sus acciones; comprenderá las sutilezas del lenguaje cotidiano y ese será el instante en el que reconocerá cuáles son tus sentimientos y tus derechos, que hasta entonces no había tenido en cuenta por mero desconocimiento.

Conciencia del bien y del mal

Cuando llegue esa época, tu hijo ya será capaz de ser “bueno” o “malo” de manera intencionada. Las decisiones que tome y las opciones que escoja dependerán en gran medida de la forma en la que se sienta con respecto a los adultos que le son más cercanos y que tienen poder sobre él.

Si al llegar a  la siguiente etapa de desarrollo percibiendo que tú primordialmente lo quieres, estás de acuerdo con su conducta y estás de su parte, aspirará (la mayoría del tiempo) a complacerte y se portará (con algún que otro desliz) como tú deseas.

Quiérele y deja que te quiera

Sin embargo, si alcanza esa etapa sintiendo que tú eres dominante, no le comprendes y estás en su contra, es probable que decida no molestarse en intentar complacerte  ya que nunca consigue hacerlo del todo; tal vez no le importe en qué momento estás enfadada ya que sueles estarlo bastante a menudo; y puede que tampoco quiera mostrar la profundidad de sus sentimientos por ti, ya que siente que tú no siempre pareces corresponderle.

Puede llegar el momento en el que te preguntes si estás siendo demasiado blanda y tolerante con tu hijo, o si alguien te sugiere que ha llegado el momento de ponerte más dura, siempre mira hacia adelante.

Si tu hijo alcanza la edad preescolar y ya no busca tu aprobación constante, no quiere ayudar, no se siente seguro de que le quieran y de mostrar él también cariño, habrás perdido la base para la “disciplina” sencilla y práctica a través de la niñez.

Foto | Larsz

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