La actividad física en la primera infancia mejora la salud cardiovascular a largo plazo

Una investigación canadiense demuestra que la actividad física con cierta intensidad realizada en la primera infancia, mejora la salud cardiovascular a largo plazo. A esto hay que añadir que con el ejercicio se reduce el riesgo de sobrepeso obesidad y de otras enfermedades asociadas al sedentarismo.

Ejercicio físico en edad preescolar

Según los resultados de una nueva investigación realizada por expertos de la Universidad de McMaster de Ontario (Canadá), la actividad física en la primera infancia mejora la salud cardiovascular a largo plazo. El estudio titulado “Resultados de salud y actividad física en preescolares”, es el primero de su tipo en demostrar los beneficios que aporta la actividad física en la salud de los vasos sanguíneos en niños de edad preescolar, beneficios que repercutirán en la salud cardiovascular cuando sean adultos.

Los expertos comentan que muchas personas creen que las enfermedades cardiovasculares afectan a edades avanzadas, sin embargo, las arterias comienzan a endurecerse cuando todavía somos muy jóvenes, por lo que es necesario iniciar la prevención desde una pronta edad. Mantener activos a los niños se traduce en vasos sanguíneos y corazones más saludables, además de otros beneficios como la reducción del riesgo de sufrir sobrepeso u obesidad, tener un mejor desarrollo físico y psíquico, huesos más sanos y fuertes, etc.

En este estudio, los investigadores realizaron un seguimiento a más de 400 niños con edades comprendidas entre los tres y cinco años durante un periodo de tres años. Durante ese tiempo se analizaron los marcadores clave de la salud cardíaca, como son la presión arterial, la condición y situación cardiovascular y la rigidez de las arterias. Se calculó la aptitud cardiovascular midiendo cuánto tiempo podrían aguantar los niños una prueba de esfuerzo y lo rápido que se recuperaban de ella. La rigidez arterial se midió mediante la toma de la presión arterial e imágenes de ultrasonido de la arteria carótida.

Se realizó un seguimiento de la actividad física cada año mediante un acelerómetro que los niños llevaban en su cintura durante una semana al año, lo que permitía determinar cantidad e intensidad de la actividad física que realizaban cada día. Tras analizar todos los resultados y cotejar la información, se determinó que en los niños que estaban más activos, el proceso de rigidez de las arterias era mucho más lento, además, mostraron tener más resistencia, algo que se traduce en una mejor condición cardiovascular y un ritmo cardíaco que se recupera y vuelve a su situación normal mucho más rápido tras la actividad física.

Una diferencia constatada es el hecho de que, si bien los resultados mostraron que la actividad física total tuvo efectos favorables en la salud cardiovascular, la actividad física de mayor intensidad resultó ser más beneficiosa. Por tanto, no se trata sólo de realizar ejercicio físico de forma regular, es importante que la intensidad sea algo más elevada para poder obtener los beneficios comentados.

Los resultados fueron muy similares tanto en niños como en niñas, pero con la diferencia de que sólo en las niñas la actividad física tuvo una influencia más positiva sobre la presión arterial. Aún queda mucho por investigar, los expertos comentan que planean realizar nuevos estudios para conocer el alcance de los beneficios de la actividad física en la primera infancia. Podéis conocer todos los detales de la investigación a través de este artículo publicado en la página de la universidad, y en este otro publicado en la revista científica Pediatrics.

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