Hijo único

El hijo único

Vamos a romper una lanza a favor de ellos, los hijos únicos. Ser hijo único siempre ha sido muy criticado, los tildan de consentidos, mimados, egocéntricos, mandones, etc. Pero todo depende del niño, de la educación recibida y de su entorno.

Un hijo único se siente a gusto con lo que algunos llamarían soledad, pero otros dirían que es independencia. Sin embargo, a su vez está deseoso de compartir sus juguetes con sus amigos porque siempre juega solo. Con esto ya podemos evitar lo de que son egoístas. Si lo comparamos con dos hermanos con poca edad de diferencia que siempre se están peleando por los mismos juguetes, veríamos a los hijos únicos desde otra perspectiva.

Por otro lado, se dice un hijo único es mimado y consentido. Un hijo único obtiene toda la atención de sus padres, tanto para lo bueno como para lo malo. Si es verdad que se lleva todo el cariño pero también se lleva todas las broncas y se está más pendiente de cómo hace las cosas o como reacciona.

Son los padres los que deben vigilar no exagerar comportamientos o reacciones de sus hijos para evitar que esas etiquetas sean atribuidas al hijo único. La atención exclusiva que tiene el niño por parte de sus padres puede degenerar a una actitud sobreprotectora y un exceso de atención, pero es eso lo que debemos evitar.

Los adjetivos son muy fáciles de colocar, pero lo importante es la educación que reciban de sus padres, es igual de fácil tener un niño consentido de un hijo único que otro que tenga tres hermanos. Hasta me atrevería a decir que es peor el síndrome del hermano mediano, que nunca recibe las mismas atenciones que sus hermanos.

Cuando entre el primer y segundo hijo haya una diferencia de siete años o más, se puede considerar al hijo mayor como hijo único, ya que sus primeros años de vida han sido los más decisivos desde el punto de vista de desarrollo emocional y psicológico.

Es muy importante que nuestro hijo se críe en un ambiente familiar equilibrado, como un miembro más y no como el centro de atención, para que le sea fácil y natural el hecho de compartir espacio, afecto, tiempo, juguetes, padres, etc. con los demás.

Foto | Oleg Kozlov

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