Exantema súbito o sexta enfermedad

El Exantema súbito, también conocido como sexta enfermedad, fiebre de los tres días o roséola infantil, es una enfermedad de carácter vírico y corta duración, cuyos dos principales síntomas son fiebre elevada durante los tres primeros días, y la aparición de erupciones de color rosa del tamaño de una lenteja después de remitir la fiebre.

Fiebre de los tres días

Se conoce como exantema súbito o sexta enfermedad a una infección de carácter contagioso que se transmite por vía respiratoria y que afecta especialmente a los menores de tres años en un 90% de los casos. Esta infección la provocan dos herpes virus, el HHV-6 (Human herpesvirus 6) y el HHV-7 (Human herpesvirus 7), también conocidos como virus de la roséola. A esta enfermedad también se la conoce como fiebre de los tres días y la razón es que su primer síntoma es precisamente la aparición de fiebre elevada, hasta 40º C, cuya duración no supera los tres días.

La fiebre es el único síntoma que se puede apreciar durante los primeros tres días, posteriormente remite repentinamente para dejar paso a unas erupciones cutáneas rosáceas que generalmente aparecen inicialmente en el tronco, y se van extendiendo hacia las extremidades superiores y el cuello. Una vez alcanzadas estas zonas, las erupciones se trasladarán a las piernas y finalmente a la cara.

Estas erupciones de color rosa son del tamaño de una lenteja, no provocan picores o molestias y suelen desaparecer al cabo de dos o tres días. Por tanto, el exantema súbito tiene una duración aproximada de una semana, y tal como aparece, desaparece sin necesidad de seguir ningún tipo de tratamiento y sin dejar secuelas.

La sexta enfermedad se suele incubar durante un periodo de entre 7 y 10 días tras el contagio, al aparecer la fiebre, los padres, lógicamente, se alarman porque es elevada, dado que se trata de un cuadro clínico similar al de otras enfermedades, puede producirse una confusión inicial en el diagnóstico, pero una vez remite la fiebre y aparecen las erupciones ya no hay duda alguna.

Lo único que se lleva a cabo es el control de la fiebre para que no aumente, ya que podría alcanzar una temperatura superior a 42° C puede causar la muerte. En este caso se suelen administrar fármacos para la fiebre, los pediatras también recomiendan que los niños beban agua frecuentemente y no hay ninguna otra medida adicional que se deba tomar. Sobre las erupciones, decir que no es necesario tratarlas como ocurre con las erupciones de otras enfermedades.

Cuando un niño contrae esta enfermedad, es necesario que permanezca en el hogar hasta que remita, es decir, cuando desaparezcan las erupciones, ya que de lo contrario es probable que infecte a otros niños. El problema es que durante el proceso de incubación, cuando todavía no han aparecido los síntomas, ya existe riesgo de contagio, aunque es mucho mayor durante el proceso febril. Una vez superada la enfermedad, el organismo se inmuniza y no existirá riesgo de una nueva infección en los próximos años.

Esta es una de tantas enfermedades víricas de corta duración que afectan a bebés y niños pequeños y que remiten sin dejar secuelas, por ello, seguramente en más de una ocasión, al acudir al pediatra por encontrarse mal el pequeño, el especialista os habrá dicho que se trata de un virus y que remitirá pronto sin dar más explicaciones. Algunos virus siguen siendo un tanto desconocidos, se sabe que las infecciones que producen se resuelven rápidamente y nada más.

Foto | RikRoK Yu castro

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