Evita que se muerda las uñas

Onicofagia

De repente un día descubres que tu hijo no para de morderse las uñas y por mucho que le riñas no puede impedirlo y acaba incluso con heridas en los dedos. La onicofagia infantil, término médico que se utiliza para designar este fenómeno que atiende a la psicología del niño, es un hábito compulsivo, inconsciente e incontrolable, por eso las regañinas no sirven para nada, incluso pueden empeorar la situación.

Para tratar el problema lo primero que hay que hacer es averiguar qué es lo que pone nervioso a tu hijo observando su conducta, fuera y dentro de casa. Dedicarle el mayor tiempo posible a hablar con él y preguntarle si le ha pasado algo en el colegio (puede tener fobia escolar) o si está molesto contigo. Hay que tener en cuenta que cuanto más tiempo esté entretenido, menos se acordará de morderse las uñas. Por ello, que haga ejercicio físico o que realice trabajos manuales, le impedirá llevarse las manos a la boca.

La onicofagia suele producirse a partir de los 5 años, aunque normalmente es una continuación del hábito de chuparse el dedo que puede manifestarse a partir de los 3. Con 5 años tu hijo ya tiene edad para comprender qué le puede pasar si se muerde las uñas. Explícale la importancia que tiene las uñas y que si se las muerde puede hacerse padrastros y heridas que le molestarán mucho.

En el caso de las niñas, incluso le puedes enseñar a pintarse las uñas para así incentivarle a que se las deje largas. Si es un niño se le puede regalar unos guantes de portero, de modo que mientras que los lleve no se morderá las uñas. Hay que hablar con ellos sin imponerle ningún tipo de castigo infantil, sin críticas ni regaños, ya que pueden empeorar su conducta y hasta deteriorar la relación con los padres. Por eso, en lugar de la típica frase “¡no te muerdas las uñas!”, es mejor emplear otras menos impositivas como “¿y si te las dejas crecer un poco para tenerlas más bonitas?”.

En muchos casos los niños repiten una conducta que ven en su padres. Por eso, evitar morderte las uñas delante de tu hijo e intentar corregirlo junto a él será sin duda la mejor ayuda para acabar con el problema, y es importante que cuando lo  consiga se recompense al niño. Para ello se puede establecer un sistema de premios como por ejemplo darle un regalito por cada uña que no se muerda durante una semana entera.

En casos extremos, y si el niño ya presenta heridas, los pediatras recomiendan la aplicación sobre las uñas de aceites de sabor desagradable como el de jengibre o el de guindilla, que se pueden obtener fácilmente de la maceración de esta materia prima durante dos semanas en un aceite de oliva. Existen unos barnices para la misma función pero son desaconsejables porque pueden resultar tóxicos si se acaban chupando mucho.

Via | podium
Foto | superhua

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