El riesgo de ataque cardíaco en adultos se puede predecir en la infancia

Gracias a una herramienta genética, se ha podido desarrollar un test que permite predecir en la infancia el riesgo de ataque cardíaco cuando los niños sean adultos. Los expertos comentan que el test permite identificar a aquellas personas que aunque lleven un estilo de vida saludable, tienen un factor de riesgo elevado de sufrir una enfermedad coronaria.

Test genético para predecir enfermedades

Un equipo de investigadores de la Universidad de Leicester, la Universidad de Cambridge (Reino Unido) y el Instituto Baker Heart and Diabetes (Australia), ha desarrollado un estudio cuyas conclusiones determinan que el riesgo de ataque cardíaco en adultos se puede predecir en la infancia con un simple test genético económico. El sistema se basa en el denominado ‘Puntuación de riesgo genómico’, con el que se pueden identificar a las personas (niños) que pueden desarrollar una enfermedad coronaria prematura en estado adulto debido a factores genéticos.

La prueba se ha desarrollado a partir de los datos genómicos de casi medio millón de personas del proyecto de investigación Biobank del Reino Unido, estudio a largo plazo que investiga las contribuciones respectivas de la predisposición genética y la exposición ambiental (incluida la nutrición, el estilo de vida, los medicamentos, etc.) al desarrollo de diferentes enfermedades graves. Las personas participantes tenían entre 40 y 69 años y de ellas, más de 22.000 sufrían una enfermedad coronaria.

Se analizaron 1’7 millones de variantes genéticas en el ADN para poder calcular el riesgo genético subyacente de una enfermedad coronaria mediante la técnica GSR (Puntuación de riesgo genómico). Los resultados demostraron que esta técnica fue muy eficaz para predecir el riesgo de desarrollar una enfermedad cardíaca en comparación con los factores de riesgo clásicos asociados a una enfermedad coronaria. Se demostró, además, que los genes que aumentan el riesgo de sufrir esta enfermedad del corazón no funcionan simplemente elevando la presión arterial o el colesterol.

Recordemos que en la actualidad, los médicos evalúan este riesgo en base al control de la presión arterial y el colesterol, además de identificar otros factores como pueden ser el tabaquismo, la diabetes o los antecedentes familiares. El inconveniente de eta estrategia que se aplica a las personas cuando cumplen los 40 años, discriminando a un gran número de personas que, aunque en apariencia están sanas, pueden sufrir un ataque cardíaco repentino. Las personas que obtenían una puntuación de riesgo genómico un 20% superior a la media de la población, tenían hasta cuatro veces más probabilidades de desarrollar una enfermedad coronaria, independientemente de los factores tradicionales antes citados.

Las personas que parecían estar sanas según los estándares actuales del control de la salud y que tenían una puntuación de riesgo genómico elevado, tenían las mismas posibilidades de desarrollar la enfermedad coronaria que aquellas que tenían una puntuación baja de riesgo genómico y dos factores de riesgo convencionales, como una presión arterial elevada y colesterol. Los resultados son la explicación a por qué personas que tienen un estilo de vida saludable y sin esos factores de riesgo convencionales, pueden sufrir un ataque al corazón.

Esta prueba genética, cuyo coste no supera los 44 euros, podría identificar a los niños o jóvenes que en edad adulta tendrían un mayor riesgo de sufrir enfermedades coronarias, lo que permitiría desarrollar estrategias preventivas tempranas para reducir ese riesgo y aumentar la esperanza de vida. El descubrimiento es importante, ya que se puede identificar el riesgo de enfermedad décadas antes de que se manifieste. Los expertos comentan que la medicina genómica tiene un enorme potencial y, de momento, apenas se está aprovechando, pero es probable que en unos diez años se utilice como una herramienta de diagnóstico preventivo ofreciendo innumerables beneficios a la población.

Podéis conocer todos los detalles de la investigación a través de este artículo publicado en la revista científica Journal of the American College of Cardiology, y en este otro publicado en la Fundación Británica del Corazón.

Foto | Dmitry Sumin

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