El cáncer parental afecta al desarrollo académico y profesional de los niños

Según los resultados de una investigación realizada en Dinamarca, el cáncer que sufre un padre afecta al desarrollo académico y profesional de los niños, marcándoles de por vida. Los resultados muestran que es necesario brindar a estos niños apoyo emocional y apoyo académico adicional para que puedan tener una vida en igualdad de oportunidades y condiciones.

El cáncer del padre afecta a los hijos

Hoy conocemos un estudio realizado por expertos de la Universidad de Copenhague (Dinamarca) y publicado en la revista científica Journal of Epidemiology & Community Health, en el que se concluye que el cáncer parental afecta al desarrollo académico y profesional de los niños. Según las conclusiones, tener un padre que sufre la enfermedad aumenta el riesgo de recibir peores calificaciones académicas, por lo que se pone en riesgo el futuro profesional, además, se ha encontrado una correlación entre la gravedad del cáncer parental y el peor rendimiento académico de los niños.

Los investigadores tenían el objetivo de determinar en qué medida los eventos estresantes en la vida temprana, como tener un padre enfermo de cáncer, podría afectar al desarrollo infantil a largo plazo. Los resultados obtenidos muestran que sería conveniente que los niños que tienen un padre con esta enfermedad, se podrían beneficiar de un apoyo adecuado y una rehabilitación educativa temprana en la adolescencia, a fin de poder estar en un correcto nivel académico y tener expectativas en el futuro profesional.

Para la investigación se recopilaron los datos de los registros nacionales de Dinamarca de más de un millón de niños que nacieron entre el año 1978 y el año 1999. Los expertos recopilaron los datos relativos a las calificaciones educativas de los niños, el nivel educativo alcanzado, y la actividad profesional e ingresos que obtenían a los 30 años de edad. Los niños fueron divididos en dos grupos, los que tenían un padre con cáncer y los que tenían un padre sano, a fin de poder realizar una comparativa de datos.

Tras descartar factores de sesgo que podrían alterar los resultados, por ejemplo, el nivel educacional de los padres, los expertos constataron que el riesgo de tener unas calificaciones académicas bajas era un 5% mayor en los niños de padres que sufrían un cáncer, pero si el pronóstico del padre era malo y con una expectativa de vida de cinco años, el porcentaje se incrementaba al 25%. Si el padre lamentablemente había fallecido por la enfermedad, el riesgo de tener una mala calificación educativa alcanzaba el 30%.

Los investigadores apuntan que, si al padre se le daba un mal pronóstico de la enfermedad en un plazo de cinco años, en algunos casos el riesgo de tener un nivel educativo bajo se cifró en un 52%, en otros, la muerte del padre por cáncer incrementó el riesgo a un 61%. Obviamente, tener un nivel educativo más bajo reducía las posibilidades de desarrollarse profesionalmente en edad adulta, lo que indica que el impacto de la enfermedad del padre, podría ampliarse a lo largo de toda la vida.

Se trata de un estudio observacional y por ello no se puede probar que la enfermedad de los padres afecte directamente los resultados educativos de los niños, a esto hay que sumar que faltaron las calificaciones educativas de un 11% de los niños estudiados, por lo que los resultados obtenidos podrían variar. Aún así, un diagnóstico de cáncer en un padre puede ejercer una gran influencia en el niño, en investigaciones anteriores se ha sugerido que estos niños podrían tener un deteriorado emocional, social, cognitivo y conductual, algo que para muchas personas es algo obvio.

El cáncer parental es una forma importante de estrés para el progenitor, pero también lo es para los hijos, por lo que es muy importante que reciban apoyo emocional y apoyo académico adicional para que puedan tener una vida en igualdad de oportunidades y condiciones. Podéis conocer todos los resultados de la investigación a través de este artículo publicado en la página web de la Universidad de Copenhague, y en este otro de la revista Journal of Epidemiology & Community Health.

Foto | Vivian Chen

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