¡Cuidado con los baños de piscina en verano! Pueden transmitir enfermedades

Un rato agradable y de diversión puede convertirse en una dolorosa visita al hospital. Bañarse en piscinas sin tomar algunas consideraciones puede acarrear problemas de salud. Ser precavidos no está demás

Las piscinas no siempre son la mejor opción de disfrute

Meterse al agua y aliviar el calor de la temporada es fabuloso para casi todos. La alberca es una alternativa para darse ese gusto, además de ser un espacio para divertirse  y compartir en familia. Sin embargo, hay que tener cuidado con los baños de piscina en verano, ya que pueden transmitir enfermedades.

Así lo aseguran diversos especialistas, quienes señalan que la humedad, el calor y el cloro en cantidad excesiva se convierten en hábitat de bacterias, virus y gérmenes peligrosos para la salud. Los niños son los más propensos a ser las víctimas. Por ello hay que controlar este entretenimiento, para no terminar en el hospital.

A pesar del control sanitario que ejercen las autoridades en las piscinas de uso público, muchas veces una mala utilización de los bañistas influye en la propagación de enfermedades. Por ejemplo, aunque parezca obvio, muchos no se duchan antes de zambullirse. Esta acción hace que se lleven al agua de las piscinas sudor, heces y gérmenes que dasatan afecciones.

Cómo prevenir la transmisión de enfermedades en la piscina

Los encargados de los centros acuáticos deben regirse por los estatutos para el funcionamiento de las albercas. Entre ellos conservar la  temperatura del agua en unos 25 centígrados, el pH en 7.2-7.8, y la cantidad de cloro en 1-3 partes por cada millón. La desinfección debe ser vigilada constantemente, al igual que los niveles mencionados.

Una de las molestias provocadas por el exceso de cloro es la denominada “conjuntivitis de piscina”. Esto ocurre porque los ojos se irritan, enrojecen, pican y se tiene la sensación de tener arenilla dentro. Además, la afección produce sensibilidad extrema a la luz y un continuo lagrimeo. Una forma de prevenir este malestar, es utilizar lentes para bucear al nadar.

Emplear tapones para los oídos es una forma de evitar otra patología muy común durante el verano: la otitis. El oído empieza a secretar una sustancia amarillenta y acuosa. Se produce fiebre, dolor intenso, inflamación, enrojecimiento y picor. Acudir al médico es primordial para que se administre un tratamiento a base de antibióticos y calmantes.

Otras enfermedades comunes

Cuando se traga de forma accidental el agua de la piscina, pueden presentarse cuadros diarreicos, gastroenteritis o vómitos. Entre las bacterias, parásitos y hongos resistentes al cloro que pueden causar esas patologías están la escherichia coli, Criptosporidium, candida albicans, Norovirus, Shigella y Giardia lamblia. Si ya estamos enfermos con diarrea u otro mal estomacal no hay que bañarse en las piletas. Igual no está demás advertir a los chicos sobre los problemas de tomar de esas aguas.

Extremar la higiene cuando se usen los vestuarios o duchas es igual de importante. Allí fácilmente se pueden pescar hongos en los pies. Enrojecimiento, escozor y ampollas pueden aparecer en nuestras extremidades. Usar sandalias o chanclas fuera del área de la piscina, así como cortar las uñas, lavar con jabón y secar bien los pies ayudará evitar el mal.

La piel también puede sufrir las consecuencias de la falta de prevención. El agua puede estar contaminada por un germen llamado Pseudomonas aeruginosas que genera dermatitis. Entre los síntomas están la aparición de manchas de color rosa que causan escozor. Además pueden aparecer ampollas llenas de pus. Una supervisión adecuada de la desinfección por parte de quienes manejan el lugar evitará que ocurran incidentes como este.

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