Cómo ser una mamá feliz

Ser madre no debería estar reñido con ser feliz, pero es cierto que el día a día puede ser muy estresante. Por ello, son interesantes los consejos de esta pediatra y terapeuta que nos aconseja apreciar más el aspecto positivo de las cosas que nos rodean, valorándonos más a nosotras mismas y buscando tiempo para nosotras.

Ser una mamá feliz

El día a día de las mamás puede llegar a ser muy estresante, posiblemente todas las mamás sufran de estrés en algún momento, otras, es posible que todos los días. Todo depende de la forma de ser de la mamá, de su trabajo y de la cantidad de hijos que se tengan. Para las madres, el día a día puede llegar a ser una especie de sabor agridulce, porque lo hacen todo por amor y por ello son capaces de llegar a todo, de poder compaginar educación de los niños, trabajo laboral, y con ayuda del papá de la casa, posiblemente, al final del día se habrá conseguido finalizar las faenas diarias. Es decir, que los hijos nos llenan de amor y ternura, aunque con ello se nos vaya la salud, tanto física como mental.

Es posible que, incluso, de la sensación de que pasan los días tan deprisa que no podemos llegar ni a disfrutar de cómo crecen los niños, ya que cada día deben ir vestidos, limpios, comidos, la casa debe mantenerse más o menos ordenada, el trabajo laboral requiere de muchas horas, etc. Pero todo eso, es posible cambiarlo. Todo depende de nosotras, de cómo nos valoramos, de cómo nos enfrentamos al reto de ser madres, de cómo dejamos que la presión del día a día nos afecte. Por ello, me ha parecido interesante el punto de vista de una pediatra llamada Meg Meeker.

Esta experta terapeuta nos da unos cuantos consejos en su libro: ‘Los diez hábitos de las madres felices‘. En sus trescientas páginas, las mamás encontrarán todo tipo de consejos para conseguir que en el día a día se consiga disfrutar de la vida, de los hijos, de su educación, en el libro se encuentran una serie de consejos que van encaminados a sacar de las mamás lo mejor de ellas. Según Meg Meeker, debemos empezar por ser menos exigentes con nosotras mismas, no exigirnos llegar a todo, no ir de súper madres, no esperar estar perfectas todo el día, ni ser la mejores en todo, porque, al fin y al cabo, somos mujeres, con nuestras virtudes y nuestros defectos.

Ser sinceras con nosotras mismas hará que nuestros hijos también se esfuercen en ayudarnos y en hacernos la vida más fácil, porque realmente, no necesitamos impresionar a nadie, lo que nos hace falta es tiempo de relax, un tiempo a solas para pensar, para cuidarnos, para hablar con las amigas y para sentir lo que nos sucede cada día. Porque nadie es perfecto y por ello, es bueno que los hijos crezcan dándose cuenta del esfuerzo que hacemos cada día, porque eso les enseñará unos valores y a ti te dará tiempo para pensar, para descansar y para evitar que la vida pase sin que te des cuenta. Porque se puede ser madre, ser mujer y ser feliz a la vez sin que con ello se nos vaya la salud en el intento.

Foto | cscott2006

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