Cómo explicar la muerte a un niño II

funeral

Continuando con el artículo que ya publicamos hace unos días sobre cómo explicar la muerte a un niño, una de las decisiones que hay que tomar y que son más discutidas, es si el niño debe o no ver a la persona fallecida. Algunos especialistas creen que es positivo que el niño participe en las ceremonias fúnebres. Aunque en este tipo de asuntos, como siempre surgen los dilemas: consentir o no que el pequeño vea a la persona querida ya fallecida.

Muchos psicólogos piensan que esta experiencia podría ser traumática para el pequeño ya que, tal vez, se quede con esa imagen y sea lo último que recuerden de esa persona.

Por otra parte, otro grupo de especialistas creen que no hay razón para que el niño se asuste al ver a una persona fallecida si esta se encuentra con una imagen serena, ya que le puede ayudar a ver que la muerte no tiene porqué ser algo a lo que tenerle miedo. Este mismo grupo de psicólogos infantiles también opina que es un error especular con que se destruyan los buenos recuerdos que tiene el pequeño sobre la persona que acaba de morir.

Sopesar su madurez emocional

De cualquier forma, lo más indicado es que sea un adulto el que decida qué decisión tomar dependiendo de la madurez emocional del niño.

Cuando se llega al momento del funeral y del entierro, resultaría positivo dejar que los niños acudan, ya que es un buen momento para explicar qué es lo que está sucediendo y porqué se hace así, siempre y cuando el pequeño no se encuentre en estado de shock y gravemente afectado por el suceso, por lo que se tendría que posponer la visita al cementerio y dejar para otro momento este tipo de explicación.

Si la persona que ha muerto no es solamente  un familiar cercano, sino que es uno de los progenitores, los hijos tienden a unirse más con la otra parte de la pareja no fallecida, buscando tanto la seguridad emocional como la física que precisan en esos terribles momentos.

Evitar la desconfianza

La muerte de uno de los padres rompe con el proceso de identificación, algo fundamental para el desarrollo psíquico del niño, por lo que es trascendental no dejar en ningún momento de hablarles del padre o de la madre fallecidos para compartir sus recuerdos, además de recordarles lo mucho que se parecen a la persona que desapareció para que sientan seguridad y lo mantengan en el recuerdo como algo hermoso.

Es básico recordar que al niño hay que hablarle con mucha sinceridad, si el pequeño descubre que se le ha mentido, se producirá una enorme desconfianza en el resto de temas que tengan que tratarse.

Siempre hay que responder a sus preguntas de manera delicada ya que su mente no está preparada para racionalizar las cosas de la misma manera en la que lo hace un adulto.

Es lógico que tras el fallecimiento de un ser querido el niño pase por una etapa de duelo, donde pueden producirse procesos de comportamiento tales como: la ira, la depresión, la negación y finalmente la aceptación.

Foto | markhillary

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