Cómo afecta el cambio de hora, aunque permita dormir una hora más

A los niños les afecta en mayor medida que a los adultos el cambio de hora, sea sumando una hora o restándola, se produce irremediablemente una alteración del biorritmo y de las rutinas, lo que conlleva unos días en los que se encuentran algo más irritables, sufren ansiedad, pierden seguridad, etc.

Horario de invierno, atrasar una hora

En Pequelia hemos hablado en varias ocasiones sobre cómo afecta el cambio de hora, pero siempre se ha tratado el tema cuando los relojes se adelantan una hora con motivo del horario de verano, a finales de marzo. Lo cierto es que nos quejamos más cuando se produce el adelanto de hora y menos cuando se realiza el retraso, en todo caso, merece la pena destacar que aunque permita dormir una hora más, nos afecta a todos y especialmente a los niños.

En la madrugada del domingo 28 de octubre deberemos (en principio) atrasar los relojes una hora, a las 3 de la mañana volverán a ser las 2. Como en el horario de verano, el cambio afectará especialmente al reloj biológico de los niños, cierto que sólo es una hora, pero es suficiente tiempo como para que se alteren los patrones de descanso y el resto de rutinas habituales, la hora de la comida, la hora de entrar y salir del colegio, etc., aunque como ya hemos comentado, es cierto que se aclimatan antes a este cambio que al de primavera.

Los niños mantienen unas rutinas que son beneficiosas, ya que les proporcionan seguridad, de hecho, como ya hemos explicado en otras ocasiones, los hábitos y rutinas son parte fundamental en el desarrollo de los niños. El cambio de hora altera estas rutinas, lo que provoca un breve caos y un descontrol, que se sufran problemas similares a los que se viven con el cambio al horario de verano, para irse a dormir, para levantarse… los niños están durante unos días algo irritables, malhumorados, con ansiedad, etc.

Dependiendo del niño o niña y su edad, la adaptación al nuevo horario varía entre dos o tres días y una semana, posteriormente recuperan el ritmo y las rutinas habituales. Cierto es que de buenas a primeras atrasar los relojes se recibe con más alegría, ya que como el cambio se realiza en fin de semana, permite disfrutar de una hora más de sueño, pero no hay que engañarse, las rutinas se alteran y los síntomas mencionados pueden aparecer al acabar el día.

Recordemos que la intención de la Unión Europea es acabarcon el cambio de hora, ya que apenas se ahorra energía con esta medida (apenas un 5%) y cada vez más personas se quejan por los efectos negativos que esto tiene para la salud. Para la Comisión Europea no tiene sentido seguir regulando el cambio de hora bianual, determinando que deben ser los países miembros los que puedan elegir si quieren que sus ciudadanos vivan con el horario de verano o con el de invierno.

Previsiblemente, se deberán acometer dos nuevos cambios de horario como mínimo, el de este año y el de primavera del año que viene, la razón es que los países deberán notificar como plazo máximo el próximo mes de abril de 2019 si mantienen el horario de verano o el de invierno permanentemente, por lo que quien se quede con el horario de invierno sumará un total de tres cambios de hora antes de adoptar la medida. Pero para que esto sea así, antes es necesario que el Parlamento Europeo y los países den su visto bueno a la idea, como muy tarde, en marzo de 2019.

Si finalmente se adopta un horario fijo, probablemente todos lo agradeceremos y especialmente los niños, se acabará con la alteración de las rutinas y del biorritmo y las demás consecuencias antes citadas.

Foto | Lars Plougmann

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