¿Chalecos de arena para niños con TDAH?

En Alemania y en otros países europeos (especialmente los nórdicos) se utilizan chalecos de arena con los niños que sufren Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), asegurando que al faltarles conciencia corporal son inquietos, algo en lo que supuestamente esta prenda les ayuda. Los profesores alaban sus beneficios, los pediatras están en contra de su uso y es que no existen estudios científicos que avalen sus beneficios.

Tratamiento TDAH

Sin duda, a muchas familias les sorprenderá esta noticia, en Alemania los pediatras denuncian la comercialización de unos chalecos de arena para niños con TDAH, chalecos que pesan entre uno y seis kilos de peso y que tienen, supuestamente, la función de “tranquilizarlos”, ya que según la compañía que los comercializa, los niños con Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) son inquietos porque les falta conciencia corporal, algo en lo que dicen que les ayuda esta prenda.

Esta solución ha sido adoptada por varios colegios del norte de Alemania, los profesores aseguran que es una medida muy efectiva, pero los pediatras no están de acuerdo con su uso, considerando que es un modo de estigmatizar y colocar a los niños la etiqueta de problemáticos. Para solventar los problemas en las aulas se proponen otras soluciones, que se habiliten educadores profesionales dedicados a las necesidades individuales y específicas de los niños, o que el número de niños en las aulas se reduzca.

Los pediatras consideran que el accesorio es irresponsable y que los síntomas, como la inquietud que sufren los niños y la falta de concentración, necesitan diagnósticos específicos y no soluciones fáciles, apuntando que es mucho más efectiva una “mano en el hombro que calme al alumno” que ponerle un chaleco con peso extra. La compañía que comercializa estos dispositivos considera que es una solución efectiva porque los niños adquieren mayor conciencia corporal y se muestran más tranquilos, la única advertencia que se incluye en su uso es que no se pueden utilizar más de una hora al día.

Claro, que esta no es la única empresa que los comercializa y tampoco es Alemania el único país donde están disponibles, empresas como Beluga Healthcare, supuestamente especializadas en este tipo de terapias y la más conocida, comercializa los chalecos en varios países europeos y especialmente en los países nórdicos desde hace varios años. En la publicidad de la web de la empresa se puede ver los modelos que comercializan, así como otras soluciones parecidas ensalzando las propiedades médicas, el bienestar y los beneficios que ofrecen, guantes de arena, cinturones, collares, etc.

En algunos colegios utilizan estas soluciones para calmar a los niños que sufren el trastorno y se muestran inquietos en las aulas, algunos profesores defienden su uso asegurando que los niños los cogen y se los ponen ellos mismos, conscientes de sus beneficios. Las empresas que los comercializan ensalzan esos beneficios de la “terapia con arena” indicando que son muchos los terapeutas que los recomiendan, lo que hace que su uso se expanda cada vez más. Comentan que la presión y el peso estimulan los sensores de la piel e imparten nuevos estímulos al sistema nervioso, todos los nervios informan al cerebro sobre esta nueva situación y el cerebro construye un tono muscular en el tronco y la parte superior del cuerpo se erige. Posteriormente el cerebro “se preocupa” por los brazos, las piernas, las manos y los pie.

Lo que resulta más curioso es que la empresa reconoce que lamentablemente no han podido convencer a un centro médico o a la industria farmacéutica de la necesidad de llevar a cabo un estudio científico sobre sus beneficios a pesar de muchos comentarios positivos. Pues sabiendo esto, es un poco aventurado comprar un sistema que no cuenta con el aval médico y científico, que funcione en primera instancia no quiere decir que sea beneficioso a largo plazo.

Aquí explican que las escuelas se dejan influenciar por las “modas” estadounidenses, en ese país es común utilizar los denominados “chalecos de compresión” en niños con autismo, a pesar de que no existen pruebas científicas de sus beneficios. Lo que no entendemos entonces, es cómo la FDA (Agencia de Medicamentos y Alimentación de Estados Unidos) no ha tomado cartas en el asunto y ha paralizado su comercialización hasta que no se demuestre que realmente son eficaces.

La polémica y el debate están servidos, aquí comentan que los pediatras no aprueban su uso, empresas, maestros y algunas asociaciones alemanas abogan por los beneficios que ofrecen, evidentemente es hora de que se ponga en marcha un estudio científico que despeje la falta de conocimiento sobre los chalecos de arena.

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