Bebidas energéticas y riesgo de TDAH en los niños

Un nuevo estudio determina que el abuso de bebidas azucaradas y bebidas energéticas aumenta hasta en un 66% el riesgo de que los niños sufran falta de atención e hiperactividad.

Investigación sobre las bebidas energéticas

Un estudio desarrollado por investigadores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Yale (Estados Unidos), concluye que existe una clara relación entre las bebidas energéticas y riesgo de TDAH en los niños. Según sus resultados, los niños que consumen bebidas energéticas tienen hasta un 66% más de probabilidades de sufrir hiperactividad y falta de atención.

Estos resultados apoyan las recomendaciones de limitar la cantidad de refrescos azucarados y bebidas energéticas que los niños consumen. Recordemos que la Organización Mundial de la Salud considera que niños y jóvenes pueden ser más susceptibles a los efectos potencialmente nocivos de la intoxicación por cafeína, componente de muchas bebidas energéticas. Además existen muchas evidencias científicas que muestran que este tipo de bebidas tienen varios efectos adversos en la salud de los niños, el nuevo estudio se suma a la lista existente de los que advierten sobre el riesgo de abusar de refrescos azucarados y bebidas energéticas.

En el nuevo estudio se recomienda que se eviten esas bebidas que tienen un elevado nivel de azúcar o cafeína, lamentablemente las bebidas energéticas están mal reguladas y parece que los legisladores no terminan de tener en cuenta los estudios para limitar o prohibir el consumo, quizá habría que tomar como ejemplo iniciativas como la llevada a cabo en Lituania, en ese país se ha emprendido una cruzada contra este tipo de bebidas y se ha prohibido su venta a menores de 18 años.

En la investigación los expertos encuestaron a 1.649 estudiantes de secundaria de un distrito escolar del Estado de Connecticut (Estados Unidos), elegidos al azar y con una edad media de 12’4 años. De esta encuesta se desprende que los niños son más propensos al consumo de bebidas energéticas que las niñas, así mismo, dentro de la comunidad de varones, los niños de raza negra tomaban más cantidad de bebidas energéticas que los niños de raza blanca.

Se encontró una relación entre el número de bebidas azucaradas que se tomaban y el riesgo de hiperactividad y falta de atención entre los estudiantes de secundaria. A la vista de los resultados, los investigadores recomiendan a los padres que los niños limiten el consumo de refrescos azucarados y que eviten las bebidas energéticas. Hay que tener en cuenta que los resultados de una encuesta pueden ser significativos pero como explican los expertos, para poder comprender mejor la relación TDAH, bebidas energéticas y refrescos azucarados, es necesario poner en marcha nuevos estudios que permitan esclarecer los efectos y mecanismos que conducen a la mencionada relación.

Algunas bebidas azucaradas y bebidas energéticas que son populares entre los niños, pueden contener hasta 40 gramos de azúcar, una cantidad realmente elevada teniendo en cuenta que los participantes de este estudio declararon que consumen una media de dos bebidas por día, casi se puede decir que reciben una sobredosis de azúcar, ya que hay que sumar el resto de alimentos que se comen al cabo del día y que contienen azúcar. Riesgo de sobrepeso y obesidad, riesgo de sufrir déficit de atención e hiperactividad y otros problemas como las reacciones adversas a la cafeína, deben obligar a legislar sobre el tema y limitar la cantidad de bebida que toman los niños.

Los expertos apuntan que los niños deben consumir un máximo de 21 a 33 gramos de azúcar total por día (dependiendo de la edad), cifra que se aleja mucho de la realidad. En fin, dada la gran cantidad de documentación científica existente y conociendo los riesgos, nos sorprende que no se tomen medidas más contundentes a nivel legislativo, quizá la razón sea el volumen de negocio que estas bebidas generan. Podéis conocer más detalles del estudio a través de este artículo publicado en la página web de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Yale y a través de la revista científica Academic Pediatrics.

Foto | Matteo Paciotti | Photography

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