Antipsicóticos infantiles con precaución

Fármacos infantiles

Un estudio realizado por especialistas del Hospital Zucker Hillside de Nueva York, ha concluido que los antipsicóticos infantiles de segunda generación (los más avanzados) que se suelen utilizar para tratar y prevenir enfermedades o alteraciones graves del comportamiento como puede ser el trastorno bipolar, el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), el autismo, la agresividad, los tics nerviosos, etc., tienen efectos secundarios más severos que los antipsicóticos que utilizan los adultos.

Los efectos secundarios son un aumento del 7% del peso corporal, una alteración de los niveles de triglicéridos y colesterol en sangre, y en consecuencia un aumento del riesgo cardiovascular. El aumento de los trastornos antes mencionados, ha provocado el aumento del consumo de estos fármacos que avalan mayoritariamente todos los investigadores. En estudios anteriores algunos expertos ya habían destacado que los adolescentes y los niños podrían tener mayor sensibilidad ante los antipsicóticos. Como ya hemos dicho en otras ocasiones, un fármaco que habitualmente trata una dolencia en adultos no ofrece los mismos beneficios y resultados en un paciente pediátrico.

Los fármacos específicos para los niños siguen siendo una asignatura pendiente, y así se muestra en este nuevo estudio. En la investigación se tomaron los datos de 272 pacientes pediátricos con edades comprendidas entre los 4 y los 19 años, el requisito era que no hubieran tomado anteriormente ningún tipo de tratamiento farmacológico antipsicótico, para que los datos obtenidos fueran totalmente fiables y sin riesgo de alteración por los efectos de fármacos administrados.

Se formaron cinco grupos de niños, cuatro recibieron cuatro antipsicóticos distintos olanzapina, quetiapina, risperidona y aripiprazol, el quinto grupo no recibió tratamiento y sirvió como grupo de control. Tras tres semanas de tratamiento, se realizaron diversos controles que arrojaron pruebas concluyentes, en todos los casos los niños habían aumentado de peso, con la olanzapina ganaron 8 kilos, con la quetiapina 6’7 kilos, con la risperidona 5’3 kilos, y con el aripiprazol, un total de 4 kilos. El grupo de control mantuvo el peso inicial.

Según la publicación digital El Mundo, los investigadores constataron además, que se produjeron cambios metabólicos, los más significativos estaban asociados a la olanzapina y la quetiapina que provocaron el aumento de los triglicéridos y el colesterol. La risperidona altero especialmente los niveles de triglicéridos y finalmente el aripiprazol fue el único medicamento que no alteró los niveles y como decíamos anteriormente, fue el que menos aumento de peso provocó. Los resultados delatan la necesidad de controlar los efectos que producen los fármacos en los menores que reciben tratamiento. Tengamos presente que el estudio duró 12 semanas y sería interesante conocer los efectos a largo plazo.

Los responsables del estudio aconsejan estudiar a fondo la administración de los antipsicóticos y utilizar, si las hubiera, medidas alternativas que ofrezcan menos riesgos. Los fármacos empleados resultan beneficiosos en los casos extremos, pero a la larga sus efectos secundarios podrían derivar en otras enfermedades. Es evidente que el estudio da pie a nuevas investigaciones y al desarrollo de fármacos específicos concebidos exclusivamente para la población infantil.

Puedes consultar más datos del estudio a través de la publicación digital Journal of American Medical Association (JAMA).

Foto | Galería de Hansel5569

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