5 mitos relacionados con las vacunas que no hay que creer

Muchos padres en Estados Unidos tienen un miedo infundado a las vacunas, no quieren vacunar a sus hijos porque creen que las vacunas son inútiles, contienen demasiados antígenos, causan autismo, son una excusa para que las farmacéuticas se lucren, etc.

Vacunación infantil

Parece ser que en Estados Unidos, ante los nuevos casos de sarampión y otras enfermedades infantiles, al hablar de vacunas están resurgiendo de nuevo mitos relacionados con este remedio, los padres temerosos y pensando en proteger a sus descendientes, creen que es mejor evitar las vacunas cuando en realidad están poniendo en riesgo la salud de sus hijos.

Gracias a las vacunas se evitan unos seis millones de muertes al año, es cierto que se puede dar alguna reacción adversa al recibir una vacuna, pero la prevalencia es insignificante, sólo sucede un caso entre un millón. Los expertos explican que existen 100 veces más probabilidades de ser alcanzado por un rayo que de tener una reacción alérgica a una vacuna. Pero a pesar de toda la información vertida sobre las vacunas, todavía hay quien cree en esos mitos y evita vacunar a sus hijos.

A continuación podéis conocer los 5 mitos relacionados con las vacunas que no hay que creer:

Las vacunas causan autismo

Este mito surgió a raíz de un estudio británico que se publicó en la revista científica The Lancet y que se desacreditó posteriormente. Dicho estudio se publicó en el año 1998 y muchos padres de hijos con autismo creyeron en sus conclusiones, llegando a demonizar a las vacunas. El estudio provocó que muchos padres no quisieran vacunar a sus hijos con los consiguientes riesgos que ello conllevaba. El estudio fue desmontado, los datos clínicos de los pacientes participantes (sólo 12) eran falsos, por lo visto el estudio estaba pagado por un bufete de abogados que tenía la intención de utilizar los resultados para demandar a una farmacéutica.

Se han realizado posteriormente estudios sobre el tema dada la polémica que se generó y los resultados han sido siempre los mismos, no existía relación entre las vacunas y el autismo.

Las vacunas contienen veneno

El origen de esta creencia se remonta a 1930, las vacunas de aquel entonces contenían un conservante denominado timerosal, un producto que en su composición contenía una reducida concentración de mercurio. La finalidad de este compuesto era evitar el crecimiento de hongos y bacterias potencialmente peligrosas en las vacunas.

Este compuesto se dejó de utilizar en el año 2001 y actualmente las vacunas para niños no lo contienen. De todos modos y a pesar de que el timerosal fue retirado de las vacunas, la prevalencia del autismo ha seguido creciendo.

Las vacunas tienen como finalidad lucrar a las farmacéuticas

Algunas personas creen que las compañías de seguros y especialistas médicos promueven la vacunación con fines lucrativos, como si en realidad no tuvieran ningún efecto positivo para quienes la reciben.
Esto es un claro error, ya que algunas aseguradoras médicas pagan el coste de las vacunas a fin de evitar tener que pagar más en el caso de que los asegurados enfermaran. Las aseguradoras saben que la vacuna es una inversión que evita que pierdan dinero, de hecho, un estudio realizado en el año 2009 mostraba que hasta un tercio de los especialistas médicos perdían dinero al proporcionar la vacuna, claro que no es precisamente perder dinero, sino como decíamos, una inversión.

Las vacunas tienen demasiados antígenos

Como sabemos, los antígenos son necesarios para lograr que el organismo de los niños desarrolle la resistencia contra determinadas enfermedades. Algunos padres consideran que algunas vacunas tienen exceso de antígenos, lo que provoca que el organismo del niño no pueda reaccionar ante todos. La realidad es que cada vez tienen menos antígenos, en la década de los 80 las personas que se vacunaron recibieron un total de 3.000 antígenos, actualmente reciben unos 150.

Se vacuna contra enfermedades que no existen

Hay quien cree que hay que evitar las vacunas de enfermedades que ya no existen, no es algo que necesiten los niños. Pero la realidad es bien distinta, un ejemplo es el tema que hablábamos al principio, la cantidad de personas que han contraído sarampión en Estados Unidos y que se habrían evitado con la vacuna.

Como explican aquí, hay que ser prudente con las enfermedades que parecen haber sido erradicadas, la mayoría siguen existiendo, son muy contagiosas y se propagan con suma rapidez.

Parece evidente que las campañas de vacunaciones deben ir acompañadas de información complementaria que permita comprender mejor a los padres el verdadero valor de una vacuna.

Foto | PAHO/WHO

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