Tres razones por las que los niños no pueden quedarse quietos

El neuropsicólogo Álvaro Bilbao explica tres razones por las que los niños no pueden quedarse quietos, razones de peso que permitirán a los padres entender la situación. El experto también ofrece consejos sobre cómo debemos actuar los padres con niños inquietos que no paran ni un momento.

Niños inquietos

Como sabemos, a menudo por experiencia, muchos niños y niñas no pueden estarse quietos, hasta el punto de que podemos pensar que tienen hiperactividad. Si a nuestros hijos les preguntáramos si pueden estar quietos y nos contestaran ‘no, no puedo, al menos durante mucho tiempo’, tendrían razón. El responsable de esta situación es el cerebro, que no permite que los menores se queden quietos.

Para entenderlo un poco mejor, el experto Álvaro Bilbao nos proporciona tres razones por las que los niños no pueden quedarse quietos, la primera razón es que uno de los centros de control del movimiento en el cerebro se sitúa en la corteza frontal, lugar donde se desarrollan diversas funciones como la supervisión, que permite darnos cuenta del movimiento, o la inhibición, que permite detener el movimiento. Los niños con edades comprendidas entre dos y seis años no tienen la corteza frontal bien desarrollada y la puesta en marcha de estas funciones supone un enorme gasto de energía cerebral, lo que complica que los niños puedan realizar una correcta gestión.

La segunda razón que expone el experto es que el instinto de aprendizaje de los menores les lleva a tocar y explorar todo lo que les rodea, esto es algo inevitable y es necesario aceptarlo. La tercera razón es que los niños no comprenden los condicionantes culturales que hacen que en cierto momentos y situaciones deban estar quietos, por tanto, no es que no quieran hacer caso, es que existen varios impedimentos para ello.

El experto facilita sus conclusiones, comenta que lo expuesto no significa que los niños y niñas no puedan modular sus movimientos en ningún momento, lo hacen cuando algo capta poderosamente su atención. Es necesario que no dejemos de pedirles a los pequeños quietud, ya que poco a poco irán comprendiéndolo, mientras, es recomendable que se les ayude a estar tranquilos durante periodos cortos de tiempo.

Finalmente, nos proporciona aquí un ejemplo, si vamos a un restaurante, se puede ayudar a los hijos a estar tranquilos mientras se espera la comida, pero cuando se acabe de comer, esto es prácticamente imposible, ya que su cerebro lleva mucho tiempo controlándose y ya está agotado (como hemos comentado, se gasta mucha energía en este proceso), por lo que la alternativa más lógica es salir a jugar con ellos.

Álvaro Bilbao es un neuropsicólogo y padre que, igual que muchos padres, ha vivido situaciones complicadas de gestionar con sus hijos, y como a cualquier padre, ha tenido dudas sobre cómo enfocar los conflictos que surgen con los menores. En este sentido, comenta que sus conocimientos sobre el cerebro y el desarrollo infantil han sido de gran ayuda, sin embargo, asegura que esto no era suficiente, en ocasiones se frustraba por el comportamiento de sus hijos, ya que pedían cosas que no podían dar, lo que derivaba en una frustración colectiva.

El neuropsicólogo pone a disposición de todo el mundo su experiencia y formación, comparte técnicas y estrategias en el marco de la educación infantil, las que le han servido para conectar mejor con sus hijos, comprenderlos y saber gestionar diferentes situaciones. Su cometido es enseñar a resolver conflictos de forma positiva, a fortalecer la autoestima, a explicar cómo funciona el cerebro infantil, etc. Por todo ello, os recomendamos acceder a la página web de Álvaro Bilbao y ampliar conocimientos sobre cómo se puede educar en positivo.

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