La lectura, un legado para nuestros hijos

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Uno de los mejores regalos que podemos legarles a nuestros hijos es, sin lugar a dudas, el amor por la lectura. Todos guardamos un especial recuerdo de la primera vez que nos contaron un cuento cuando éramos niños, ya fueran nuestros padres, hermanos mayores, profesores… algo que demuestra la importancia de la lectura en el desarrollo emocional además del cognitivo, pues no sólo resulta beneficioso para el progreso y crecimiento de los más pequeños sino también para sus relaciones afectivas y familiares.

Por todo ello, no es necesario esperar a que los niños sepan leer para que tengan su primer contacto con un libro, sino que ya desde los primeros meses de vida podemos sembrar la semilla de la curiosidad por la lectura proyectada con nuestra propia voz. Un buen comienzo es leerle o contarle pequeñas historias, pues cuando son muy pequeños están más interesados en el sonido que en el contenido, a la vez que lo acompañamos de libros de tela, de goma o de cartón que le permita manipularlo de forma fácil. Además, existe una amplia variedad de cuentos clásicos para narrarle ¿quién no recuerda ‘Pulgarcito’, ‘El patito feo’, ‘Hansel y Gretel’ o ‘Caperucita Roja’? Compartir la lectura no sólo ayuda al desarrollo personal, sino a la transmisión de una cultura, de una tradición, de generación en generación.

Esta sencilla puesta en contacto puede seguir con cuentos con poco texto y grandes imágenes, no hay prisa, ya habrá tiempo de ampliar las letras conforme vayan creciendo y aprendiendo”. En ocasiones serán ellos mismos quienes lo pidan, ya sea movidos por la curiosidad o por considerarse “más mayores”. Tampoco hay que preocuparse en exceso si los niños no sienten un “flechazo” directo o si la lectura no está entre sus prioridades, lo importante es conseguir al menos interés. Leer es un buen hábito que si se despierta y se fomenta desde niño es más probable que se mantenga en la etapa adulta.

Sin embargo, es importante que se base en el placer y alejarlo de la obligación, pues en cuanto empiecen la etapa escolar ya habrá un lugar para esa parte de lectura y textos de carácter obligatorio. En resumen, convertirlo en un hobbie. Hasta entonces, la lectura será la puerta hacia la imaginación, la información, la cultura y el conocimiento. Sin duda, un estímulo beneficioso para sus etapas de aprendizaje, así como para el niño y su entorno.

¿Cuáles  son los beneficios de compartir la lectura con los niños?

1. Facilita la adquisición del lenguaje: esos primeros libros con imágenes y pocas letras facilitan la atribución de signos y sonidos a objetos. Los niños que tienen contacto con las lectura a edades muy tempranas, incluso antes de empezar a caminar, es probable que aprendan las palabras de forma más rápida, ejerciten su cerebro y su comprensión sea más efectiva. Un hecho que respalda la EU Read, una asociación europea que reúne a diversas organizaciones para impulsar la lectura.

2. Familiariza al niño con los textos: seremos el primer punto de referencia con la palabra escrita al mostrarle que esos signos negros sobre el papel tienen significados.

3. Desarrolla las capacidades mentales: tanto la memoria como el lenguaje, la capacidad de abstracción y la imaginación se verán reforzados, pues el niño aprenderá a contar los cuentos aunque sea siguiendo las imágenes, ganará en vocabulario y expresión al aprender frases más complejas y relacionará los objetos de la realidad con la representación de ellos en los dibujos, a la vez que crea su propia representación de la realidad o realidades inventadas en su mente.

4. Enriquece la relación con el niño: leer nos permite descubrirles “mundos nuevos” con cariño. Además, es un tiempo dedicado en exclusiva a los pequeños, sobre todo en unos tiempos en los que las obligaciones nos comen parte de nuestra vida. Es un momento para compartir ideas, comentarios, para que los niños pregunten y nosotros les escuchemos e intentamos resolver sus dudas. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de que los pequeños dejen de buscar nuestra atención, de consultarnos cosas y se pierda comunicación y relación con ellos.

No obstante, conseguir esa afición por la lectura no siempre es fácil o simplemente puede que no sepamos cómo llevarlo a cabo.

¿Cómo fomentar la lectura en los niños?

  • Predicar con el ejemplo: convertirnos en un ejemplo a seguir. Es habitual que los hijos imiten a los padres, por lo que disponer de libros en casa, tener un pequeño rincón de lectura o estantería con libros y llevar a la práctica la lectura facilitará que el niño se acostumbre al objeto y tenga acceso fácil a los libros.
  • Organizarse y ser constantes: los niños suelen necesitar pautas y reglas, no por querer imponerles cosas sino para que aprendan a saber gestionar su tiempo. De ahí que sea importante incluir en sus rutinas un tiempo de dedicación a la lectura, para facilitar convertirlo en hábito-placer, pero no en hábito-obligación, que lo vea como algo normal y enriquecedor. Un buen método es la lectura por capítulos, algo que le permitirá seguir una historia sin caer en los excesos que puedan llegar a agobiarle, cansarle y aburrirle.
  • Ofrecer variedad y libertad: si queremos que los niños adquieran la lectura como una afición y no una obligación es importante que propongamos y no impongamos tanto la actividad como los títulos. Cada vez la oferta de cuentos para niños es más amplia y diversa: aventuras, fantasía, ciencia ficción, clásicos… por lo que es importante atender a sus gustos y preferencias y ofrecerle opciones en base a ellos. No pasa nada si se centra en determinada temática, ni tampoco hay que forzar el nivel, pues poco a poco irán cambiando sus necesidades y sus intereses.
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