Cómo evitar gritarle a los niños

Ser padres no es nada fácil y es una tarea a tiempo completo, nadie nace sabiendo y por eso en más de una ocasión es sumamente natural que el adulto se sienta frustrado y saturado, lo que inconvenientemente lo lleve a actuar con enfado o poca paciencia y llegue a gritarle a sus hijos ante un mal comportamiento. El peligro en cuestión es cuando los padres comienzan a perder los buenos modos de forma cada vez más repetida, los gritos se vuelven algo normal en la casa y los niños crecen bajo esos mismos términos en un sitio en el que ni grandes ni chicos se sentirán cómodos ni felices.

Lo primero a tener en cuenta es que si un adulto grita es porque está expresando de forma equivocada otro sentimiento que lo agobia y que se ve detonado ante alguna actitud del niño que al adulto le parece reprochable. Es importante no hacer pagar a los hijos por problemas o preocupaciones de adultos, si hay descontento en el trabajo, con la pareja, problemas de familia, temas económicos o descontento en general con algún factor de la rutina, el adulto se debe ver obligado a realizar terapia para recibir el asesoramiento necesario para controlarse y no ponerse de mal genio ante la mínima situación.

Hay cosas que se pueden hacer a diario para conseguir mantener el temperamento controlado, ya que hay ocasiones en que los padres con carácter muy fuerte no saben manejarlo delante de los niños que en ocasiones pueden llegar a ser muy desafiantes, según la edad. Los padres no deben perder nunca de vista el hecho de que se tiene una obligación con los niños, da igual si se está enfadado, cansado o enfermo, los pequeños merecen atención, cuidados y buenos modos todos los días y a todo momento, aún cuando se portan mal precisan que se les enseñe de buena manera, ya que se corre el riesgo de que no sea feliz, que se estrese y que aprenda que los gritos y los malos tratos son la manera correcta de manejarse.

Si se siente la necesidad de gritarle al niño o de ponerse de malas será necesario tomarse un momento a solas para calmarse, entonces, se deja al niño con el adulto responsable que se encuentre más cerca y se va a una ventana o al exterior de la casa a tomar aire y refrescar las ideas. Si el niño es muy pequeño y no hay nadie que pueda ocuparse, una buena idea es salir a caminar un poco con él, no hace falta decir nada, solamente una buena caminata para cambiar el aire será positivo para despejar el enfado, la ira o lo que sea que esté nublando los sentimientos del adulto que siente la necesidad de gritar.

Una vez que haya pasado la parte fuerte del enojo, es viable comunicarse con los niños y manifestarles el malestar, decirles si es que tienen la edad suficiente para entender que tal o cuál actitud ponen de mal humor a mamá o papá y pedirles ayuda para que eso no siga ocurriendo, si es que se tiene un argumento válido. En los aspectos generales de la vida el enojo recurrente indica que se tiene mucho peso sobre los hombros, es recomendable bajar los niveles de tensión, relajarse un poco más, aprender a desconectar del trabajo cuando se está en la casa, tomarse el tiempo para jugar con los niños y reirse, y afrontar la situación con ganas de solucionarla.

Vía | Edukame
Foto | Guía padres

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