Adopción de niños mayores

adopcion de niños mayores

El porcentaje de padres que tienen éxito en la adopción de niños más mayores o con problemas de conducta es más alto del que pudiera parecer en un principio.

Si las familias que se deciden a dar ese importante paso, son apoyadas con una preparación adecuada y reciben el asesoramiento y respaldo de los servicios de apoyo permanente. Por lo que esa clase de adopción suele tener una alta tasa de éxito a pesar de la dureza de los síntomas del niño en el momento de la adopción o el acogimiento.

En ese sentido, varios estudios demuestran que crear fuertes lazos con los pequeños puede proveer las funciones de nutrición parental y estimulación que se necesitan para un crecimiento y maduración del niño con resultados óptimos.

Inestabilidad emocional

Los niños mayores adoptados son un grupo muy vulnerable emocionalmente, ya que han vivido un abandono de larga duración y, en muchas ocasiones, maltrato físico y psíquico.

Por este motivo y para tomar una decisión correcta, sopesando los pros y los contras, los “nuevos” papás tienen que estar muy bien preparados.

Deben comprender que, por lo general, se trata de niños perfectamente sanos y con una capacidad intelectual normal, pero que pueden mostrar retraso en algunas áreas del crecimiento, además de trastornos específicos debido a la escasez de estimulación durante su evolución madurativa.

Por lo general, la mayoría de los casos provienen de un contexto afectivo inestable.

En el caso de los niños mayores, los padres deben tener la capacidad y disposición para construir una relación sana y “reparadora”, que sea una garantía real de protección y seguridad para el niño.

Reafirmación del no abandono

En el caso de los niños adoptados que ya son conscientes de su situación,  a diferencia de los bebés, los padres deben tener la capacidad y destreza de crear una relación sana y renovadora, que sea una garantía de protección y seguridad para el nuevo miembro de la familia.

La primera etapa resulta muy complicada, ya que, además del necesario proceso de comprensión mutua, los niños necesitan comprobar que estos padres ­-que probablemente no sean los primeros que hayan intentado integrarlos en un hogar- los quieren y que  no les abandonarán tarde o temprano, a pesar de su comportamiento.

Para ponerlos a prueba, es habitual que tras las primeras semanas junto a la familia desplieguen un abanico de pataletas, explosiones de rabia, se salten las normas y los límites. En la mayoría de los casos se trata de una forma de afianzar la relación con sus padres adoptantes.

Por ello es necesario mantener la paciencia y consultar a los especialistas que indicarán los pasos a seguir para que lo antes posible la familia pueda disfrutar del momento que tanto han deseado.

Foto | Monika Adamczyk

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