A los niños se les debe enseñar a pensar, no a memorizar

Cuando se le enseña a un pequeño a repetir como lorito lo que ha aprendido en clases, se le está reprimiendo su capacidad para reflexionar, analizar, razonar, solucionar y tomar decisiones. Un método que promueve el Aprendizaje Basado en el Pensamiento propone técnicas para desarrollar esas importantes habilidades.

enseñar a pensar

La educación actual parece adelantada en muchos aspectos. Sin embargo, a decir de teóricos como Robert Swartz, todavía hay fallas en uno que, a su juicio, es de gran importancia: el desarrollo del intelecto. Al “matar las ganas por aprender y pensar”, y hacer énfasis en la memorización y el aprendizaje por repetición, se deja de enseñar a los alumnos a ser mejores pensadores, críticos y creativos, a ser más diestros en la toma de decisiones.

Swartz, filósofo, promotor del método Thinking Based Learning (TBL) o Aprendizaje Basado en el Pensamiento, y autor de numerosas obras y artículos sobre el pensamiento crítico, hace énfasis en la necesidad de incluir contenidos curriculares encaminados a desarrollar-desde temprana edad-la interpretación crítica de la realidad; contenidos-que impartidos a través de adecuados recursos pedagógicos-guíen al estudiante a participar en la transformación de la sociedad.

La sociedad requiere de mejores pensadores, esto no está en discusión, pero ¿Cómo enseñar a los niños a pensar? Se les debe proporcionar lo esencial para poner a andar su intelecto, despertando habilidades para el discernimiento y la toma de decisiones. Si se quieren niños o adultos que sepan racionalizar sus ideas, hay que trabajar en ello, y la escuela es un buen lugar para iniciar, refiere el también director de The National Center for Teaching Thinking de Estados Unidos.

Cultivar el pensamiento

Darles a los chicos los peces en la mano no es igual que enseñarlos a pescar. Lo segundo representa un aprendizaje significativo y duradero al que hay que saber apelar. Tendría un impacto positivo en las generaciones futuras el hecho de que las escuelas tomaran en serio la tarea de enseñar a pensar y no a memorizar. Si bien cultivar el pensamiento requiere de mucho más tiempo, vale la pena si el resultado es eficaz y eficiente.

Pero no sólo el colegio juega un papel un crucial en esto. Desde el hogar es posible que los padres ejecuten acciones que contribuyan en la tarea. No olvidemos que el aprendizaje nace en casa y se refuerza en las instituciones educativas. Por tu granito de arena en la formación de tus hijos con estas tres actividades:

  1. Lectura comprensiva. Saber leer y, más aún, saber comprender lo que se lee, es una excelente forma de comenzar a ejercitar el pensamiento. No basta con que el niño memorice la lección y la repita una y otra vez, debe saber contrastar el contenido, interpretarlo, identificar las ideas principales y diferenciarlas de las secundarias, o de aquellas de menor importancia.
  2. Dibujo con intención. El dibujo es un recurso muchas veces subestimado en las aulas de clases, pues se utiliza sólo para entretener a los niños, acompañar algún texto, o hacer que identifiquen sonidos y palabras. Sin embargo, puede ser un excelente aliado para la solución de problemas matemáticos. Sólo es cuestión de animarlos a dibujar mientras razonan los datos del problema. Es una técnica tan eficaz como la del mapa mental, y funciona muy bien para estudiar secuencias lógicas sencillas.
  3. Resolución de problemas. A los niños, más que a los adultos, les fascina la resolución de problemas, por lo que se les debe alimentar esta habilidad. Funciona plantear situaciones ficticias para que puedan buscar soluciones alternativas y, en consenso, escoger la que se considere más acorde, para luego evaluar los resultados. El mismo efecto se logra al ordenarles que escriban o relaten una historia a partir de una frase comentada en el aula, o de datos específicos facilitados por ti o por el maestro.

¿Por qué es importante enseñar a pensar?

Haz escuchado la expresión “pensar os hace libre”, pues es así. Quien desarrolla el pensamiento domina sus ideas y no permite que otros les impongan las suyas. Pensar facilita el aprender a aprender, alimentando la personalidad, la autoestima y otras habilidades necesarias para la toma de decisiones acertadas.

Hasta ahora se tiene la idea errada de que los niños no pueden expresar sus ideas o definir lo que quieren, cuando en verdad llegan a una edad en la que sí pueden dilucidar qué cosas son favorables para su salud, estudios o familia. Está en los padres y en sus maestros fomentar esa destreza desde sus primeros años. Los niños lo entienden todo, siempre que se les explique en un lenguaje sencillo y adaptado a su etapa de crecimiento.

Robert Swartz lleva más de 30 años trabajando para el desarrollo del pensamiento crítico en colegios y jardines infantiles de España y otros países del mundo. Ha visitado un gran número de ellos para evaluar las acciones de profesores y alumnos, generar conclusiones, escribir libros y fortalecer los talleres que dicta en aras de lograr el impacto deseado: adultos con una extraordinaria capacidad para pensar. 

Para llegar a ello, los niños deben ir aprendiendo a ser seres libres o autónomos en sus decisiones, capaces de crear e innovar, de escuchar con comprensión y empatía, y de comunicarse con claridad y precisión. Es obligación de los papás y educadores potenciar sus sentidos y su destreza para pensar. Sólo así podrán plantearse y resolver problemas, argumentar, razonar, contrastar información, conceptualizar, explorar contextos reales, reflexionar sobre cada tema y mantenerse en constante aprendizaje. Lo que se memoriza se olvida. No hay que dejar que eso pase.

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