Cuidado con las promociones de las clínicas de fertilidad

En algunos países, el tratamiento de fertilidad como la Fecundación in Vitro tiene un elevado coste, pero además de presentarse como más económicos, anuncian tasas elevadas de éxito que multiplican por tres las tasas de los países donde las regulaciones son estrictas. En este sentido, hay que tener cuidado con las promociones de las clínicas de fertilidad, la letra pequeña indica que esa mayor tasa de éxito se asocia a tres ciclos, por lo que quizá al final puede resultar más caro de lo esperado.

FIV

En el Reino Unido un tratamiento de fertilidad por fecundación in vitro (FIV) tiene un coste de entre 3.000 y 5.000 libras (entre 3.400 y 5.700 euros), esto provoca que muchas parejas decidan realizar el tratamiento en clínicas de otros países que se promocionan por sus precios más reducidos (la mitad) y por asegurar que cuentan con una tasa de éxito elevada. Por ejemplo, en las clínicas de fertilidad de Turquía se anuncia una tasa de éxito que ronda el 98%, este es un gran reclamo para las parejas, sobre todo sabiendo que según las estadísticas del Reino Unido, sólo el 25’6% de las mujeres que se someten a FIV, logran concebir tras el primer ciclo.

Lo cierto es que hay que tener cuidado con las promociones de las clínicas de fertilidad de otros países y leer la letra pequeña de los contratos, ya que la mencionada tasa de éxito se basa en tres ciclos realizados con óvulos donados o embriones de otras personas, por lo que las parejas que contratan los servicios corren el riesgo de ser explotadas y terminar gastando más de lo esperado o abandonan el tratamiento perdiendo el dinero invertido.

Expertos del Reino Unido advierten que el organismo regulador del país no tiene control sobre las reclamaciones realizadas en clínicas extranjeras, por lo que hay que pensárselo más antes de decidirse por un tratamiento en otro país. Muchas de estas clínicas se presentan en ferias y eventos donde se promocionan ofreciendo precios que suponen un ahorro de más del 50% con respecto a los precios del país, otras no se promocionan en eventos oficiales, pero no dudan en repartir folletos en esos mismos eventos ofreciendo resultados que no pasan inadvertidos por las parejas que quieren concebir un bebé pero cuentan con presupuestos ajustado.

En algunos países las regulaciones en este campo no son tan estrictas y no protegen debidamente a las parejas, las clínicas de fertilidad pueden ser menos transparentes informando sobre las posibilidades de concepción por FIV. Estos centros presentan falsas esperanzas a las parejas especialmente vulnerables, a sabiendas de que no van a obtener ni ventajas ni beneficios. En el Reino Unido las clínicas están estrictamente reguladas y sólo pueden ofrecer datos reales sobre las tasas de éxito, algo que también cumplen otros países comunitarios, pero lamentablemente, en otros países no existen regulaciones sobre la publicidad y los datos que se muestran, esto ocurre por ejemplo en Turquía.

Según la investigación realizada por Daily Mail, algunas clínicas sugerían que la posibilidad de que la técnica de fertilidad funcionase era del 65%, pero las cifras oficiales muestran que sólo alrededor del 15% de los ciclos de FIV con óvulos congelados logran su objetivo. Una investigación realizada el año pasado descubrió que las clínicas estaban promocionando el «intercambio de óvulos», es decir, las mujeres con óvulos sanos que no podían quedarse embarazadas, recibían un tratamiento más barato si a cambio donaban algunos de sus óvulos.

Estas mismas clínicas cobran hasta 7.500 libras a las parejas infértiles que necesitan un óvulo donado, lo que muestra claramente el negocio y la gran especulación existente. Lamentablemente lo que importa a estos centros son los resultados económicos, dejando a un lado la ética profesional y la moral. Y aunque se habla del Reino Unido, esto se puede aplicar en España, por lo que merece la pena que las parejas que decidan someterse a un tratamiento de fertilidad en otro país, se aseguren de las regulaciones existentes, que lean la letra pequeña de los contratos y, sobre todo, que recuerden que no se venden “duros a cuatro pesetas”.

Foto | ZEISS Microscopy

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