Vitamina C

Vitamina C o Ácido ascórbico

Ya hablamos en Pequelia de las múltiples propiedades de la Vitamina B12. Hoy explicaremos la importancia de la vitamina C o ácido ascórbico. Es un nutriente esencial que los humanos no podemos sintetizar, por lo tanto debemos ingerirlo de manera exógena a través de alimentos como frutas y verduras.

La vitamina C tiene la función de intervenir en el metabolismo del hierro, lo que hace es reducir el hierro de estado férrico a ferroso, facilitando su absorción por nuestro organismo. Además tiene una función estructural en los tejidos fibrosos, interviniendo en la formación de los huesos, tendones, piel y de la dentina.

Es una vitamina que ayuda a mejorar la cicatrización de heridas, fracturas y contusiones, y que favorece la actividad de las células de defensa como son los leucocitos, en la reacción inflamatoria y en la producción de interferón (proteína producida por el sistema inmunitaria ante la presencia de un agente extraño).

Se dice que la vitamina C previene los resfriados, aunque no está del todo claro entre los expertos. También tiene una importante función antioxidante, por lo que reduce el envejecimiento de las células, previene la aparición de cataratas y de enfermedades coronarias. Además inhibe o disminuye la formación de nitrosaminas, unas sustancias altamente cancerígenas que se originan de compuestos como el tabaco y los nitratos de algunos alimentos.

También previene del escorbuto, una enfermedad que se solía dar por la falta de vitamina C y que causaba en la persona un sangrado de sus encías. Produce la conversión del triptófano, aminoácido esencial, a serotonina, un neurotransmisor que interviene en diferentes procesos, como la regulación de la temperatura corporal, el sueño…

En cuanto a las ingestas, se recomienda un mínimo de 10 mg para prevenir el escorbuto, pero lo adecuado es que los lactantes consuman de 40 a 50 mg al día, los niños de 15 a 25 mg, las mujeres de 45 a 75 mg y en el período de gestación unos 80 mg, mientras que en la lactancia se recomiendan unos 115 mg al día.

Pese a que en la actualidad no hay muchos déficits de esta vitamina, que puede producirse por una dieta desequilibrada o por enfermedades malabsortivas como son alguna reacción intestinal, su carencia puede ocasionar una gran cantidad de síntomas como son una hiperqueratinosis folicular, donde se engruesa la capa externa de la piel, pérdida de los dientes, sequedad cutánea, bucal y además conjuntival, pérdida del cabello y dificultad en la cicatrización.

Un exceso de la ingesta de la vitamina C también puede ser perjudicial, puesto que puede aumentar la aparición de los cálculos renales y diarrea por el efecto osmótico (la osmosis es un proceso que regula la difusión del agua y de los solutos en las células, manteniendo un equilibrio entre ellos).

Se han hecho estudios que apuntan a que una ingesta abundante de frutas y verduras disminuye el riesgo de padecer un cáncer. Por todos los motivos mencionados, hay que consumir estos alimentos, pues son una excelente fuente de vitamina C.

Foto | JonF119

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