Un bajo nivel de vitamina D en el embarazo se asocia a un mayor riesgo de TDAH en la infancia

Una investigación constata que existe una relación entre un bajo nivel de vitamina D en el embarazo y un mayor riesgo de TDAH en la infancia. Los resultados sirven para recordar a las madres y médicos que es muy importante recibir diariamente las cantidades recomendadas de vitamina D para garantizar un correcto desarrollo del futuro bebé.

Vitamina D y TDAH

Según los resultados de un estudio desarrollado por investigadores de la Universidad de Turku (Finlandia) y la Universidad de Columbia (Estados Unidos), un bajo nivel de vitamina D en el embarazo se asocia a un mayor riesgo de TDAH en la infancia. En este trabajo, los expertos estudiaron a un grupo de 1.067 niños y niñas nacidos en Finlandia entre los años 1998 y 1999, que fueron diagnosticados con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad), y otro grupo con el mismo número de menores, pero sin el trastorno.

Los datos obtenidos corresponden a un periodo anterior a la recomendación actual en Finlandia sobre la ingesta de vitamina D en el embarazo, que debe ser de 10 microgramos diarios a lo largo de toda la gestación. En el estudio se determinó el nivel de vitamina D que tenían las mujeres embarazadas a partir de una base de datos donde se encuentra la información de los análisis de prácticamente todas las mujeres embarazadas del país.

Los expertos comentan que después de que la vitamina D sea absorbida a través de la piel o ingerida, se metaboliza en 25-hidroxivitamina D, que se puede medir para determinar el nivel de vitamina D en sangre de cada participante. Los investigadores utilizaron un inmunoensayo cuantitativo, a fin de determinar el nivel de vitamina D durante el primer trimestre del embarazo, tras cotejar la información de los niveles de vitamina y los niños que habían sido diagnosticados con TDAH, se llegó a la conclusión de que la deficiencia de la vitamina D en la mujer se asociaba a un 34% de mayor riesgo de que la descendencia fuera diagnosticada con TDAH, que en las madres cuyo nivel era normal en el primer y segundo trimestre del embarazo.

Lo cierto es que no es algo que sorprenda, recordemos que la deficiencia de la vitamina en el embarazo se ha asociado en otros estudios a problemas en el desarrollo cognitivo y físico de los bebés, a problemas de aprendizaje en los hijos e hijas, o que puede impedir que la descendencia sufra autismo por la herencia genética, y así un largo etcétera, donde se muestra que existe una clara relación entre la vitamina D y el desarrollo cerebral de los fetos.

Los investigadores explican que, si bien muchas deficiencias nutricionales están reduciéndose en todo el mundo (suponemos que se refiere a los países occidentales), la vitamina D es una deficiencia que sigue siendo prevalente en muchos países. Los bajos niveles de vitamina D siguen siendo un problema global a pesar de las recomendaciones proporcionadas por las agencias de salud. Un ejemplo es Finlandia, a pesar de las recomendaciones, la ingesta de vitamina D de las madres en diferentes segmentos poblacionales suele ser insuficiente.

Los resultados de la investigación se suman a la lista de evidencias que muestra que la vitamina D juega un papel importante en el embarazo y que su deficiencia provoca diferentes problemas en la descendencia. La investigación es parte de un amplio proyecto que tiene el objetivo de descubrir las conexiones entre la salud de la madre durante el embarazo y el TDAH en la descendencia, de este modo se podrá contar con información para desarrollar tratamientos preventivos y medidas para identificar a la descendencia con riesgo de TDAH.

Por último, merece la pena destacar que una investigación realizada en 2018 apuntaba que la deficiencia de vitamina D era significativamente mayor en menores con TDAH, demostrando que la suplementación con la vitamina, mejoraba la función cognitiva. Podéis conocer todos los detalles del estudio a través de este artículo publicado en la página de la universidad, y en este otro de la revista científica The Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry.

Foto | Torsten Mangner

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