Pérdidas durante el embarazo

Breve resumen de los motivos por los que se producen hemorragias vaginales durante el embarazo

En principio cualquier tipo de pérdida de sangre vaginal durante el embarazo debe ser motivo de consulta médica, sin embargo existen algunas ocasiones en las que este tipo de sangrado no supone ningún riesgo para la salud de la embarazada ni de su futuro hijo. Hasta un treinta por ciento de las gestantes presentan sangrado en algún momento de su embarazo. En muchas ocasiones ocurre por un traumatismo o esfuerzo realizado por la futura madre, pues el útero está muy irrigado durante esta etapa y un movimiento exagerado o un golpe puede producir lo que se conoce como pérdidas o hemorragias vaginales.

Los tipos de pérdidas a los que nos referimos pueden diferenciarse según su color (si es claro significa sangrado activo, si es marrón, es sangre que salió hace tiempo de los vasos), según su cantidad (si la pérdida es pequeña e intermitente puede indicar una herida, si es más abundante, será otra patología), según su duración (puede ser un sangrado ocasional o durar más de cinco días, como en el caso de placenta previa), y según sus síntomas asociados (dolor abdominal, nauseas, vómitos).

Vamos a desglosar algunas de las causas de hemorragia vaginal según el momento del embarazo en el que nos encontremos para poder tener más información y, con ello, evitarnos preocupaciones innecesarias.

•    Hemorragia por implantación: Se da en el primer trimestre, más concretamente entre los días seis a doce tras la ovulación. El óvulo fecundado anida en el útero y produce la ruptura de algunas venas y arterias que irrigan normalmente el endometrio. En muchas ocasiones no es más que una gota de sangre, aunque en otras puede llegar a confundirse con una menstruación ligera. El color suele ser rojo oscuro o marrón. Puede durar varios días, pero nunca más de cinco. No es grave, sino un síntoma más del embarazo que comienza. En caso de ser una pérdida abundante, sangre roja o acompañarse de dolor, debes acudir inmediatamente al médico. Se recomienda reposo en los casos leves.

•    Amenaza de aborto: Este caso sí es grave y debe acudir la embarazada siempre al médico. Lo normal es que se dé en las primeras doce semanas, aunque más adelante también puede ocurrir.
Suele ir acompañado de dolores tipo cólico o menstruales. El médico monitoriza a la paciente por medio de ecografías abdominales o vaginales para comprobar que el embarazo sigue adelante. En caso contrario, estaría indicado un legrado si no se ha expulsado el embrión. El cincuenta por ciento de los abortos espontáneos son consecuencia de malformaciones genéticas incompatibles con la vida, el veinticinco por ciento, por problemas de implantación, y el veinticinco por ciento restante se debe a causas desconocidas.
•   Embarazo ectópico: El embrión se está desarrollando en un lugar diferente al útero o matriz, puede ser en una trompa de Falopio, en la cavidad abdominal, etc., pero en cualquier caso este tipo de embarazo no puede seguir adelante. Se experimenta un fuerte dolor abdominal, pérdidas de sangre, náuseas y debilidad. La solución pasa por una intervención para extraer el embrión y reconstruir la trompa en caso de que haya quedado dañada.
•    Placenta previa: Esta situación ocurre a partir del segundo trimestre de gestación, cuando la inserción de la placenta en la matriz se realiza en o junto al cuello del útero. Como podrás comprender, si el feto ha de salir por el cuello en el momento del parto, que la placenta se haya insertado allí origina una serie de contratiempos entre los cuales está la realización de una cesárea en vez de parto natural, reposo absoluto hasta ese momento, control continuo de la gestante e ingreso hospitalario. La pérdida de sangre que acompaña a este problema es de un rojo intenso y de consistencia muy líquida, que puede ir acompañada de dolor abdominal.
•    Desprendimiento prematuro de la placenta: Normalmente la placenta se desprende unos minutos después de la salida del feto en el parto, pero en este caso se suelta antes de tiempo de su lugar de inserción en el útero, con motivo de lo cual se produce un sangrado vaginal. A diferencia de la hemorragia producida por la placenta previa, esta sangre es más oscura, tiene coágulos y es persistente y no intermitente. Además suele acompañarse de contracciones dolorosas. Lo más normal es finalizar el embarazo de manera urgente.
•    Vasa previa: Este tipo de hemorragia ocurre como consecuencia de una alteración en la formación de los vasos sanguíneos que irrigan la placenta. La sangre es rojo claro y muy abundante, pero sin dolor. Hay que practicar una cesárea.
•    Pólipos en el útero: Es otro de los motivos por los que se puede sufrir una hemorragia vaginal, pero a no ser que sean muy grandes o impidan el normal desarrollo del feto, no suele ser necesaria ninguna intervención.
•    Trabajo de parto: Una vez que se ha superado la semana 37 de gestación, si observas un sangrado vaginal de color marrón o rojo oscuro, con mucosidad y contracciones, puede que el trabajo de parto haya comenzado. Lo que hemos descrito como sangre y mucosidad es el tapón mucoso, que cierra el cuello del útero desde el inicio del embarazo impidiendo la entrada de gérmenes al mismo. Respira despacio y tranquilízate, pronto podrás ver a tu hijo o hija.

Foto: Lady Pain

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