Monitorización fetal ¿qué es y para qué sirve?

Algunas futuras mamás se preguntan qué es la monitorización fetal, ¿para qué sirve?, ¿cuál es su finalidad?, ¿es una prueba dolorosa?, ¿le dolerá al bebé? Aquí, de forma resumida, contestamos a las preguntas sobre una prueba que no encierra riesgo alguno y que ofrece información valiosa a los médicos.

Control de la evolución del feto

Una de las pruebas que se suelen realizar durante el último mes del embarazo y que tiene una gran importancia es la monitorización fetal, prueba que se realiza con un cardiotocógrafo y que permite conocer frecuencia cardíaca del feto, si sufre alteraciones del flujo sanguíneo, su vitalidad, el grado de presión uterina o la presencia de contracciones.

Se trata de una prueba en la que se necesita que el futuro bebé esté despierto, en caso contrario, se intenta despertar sea a través de movimientos que la matrona realiza en el abdomen o por que la madre tome algo dulce, recurso que en muchas ocasiones funciona. Si a pesar de todo el feto continúa durmiendo, la prueba no podrá realizarse y habrá que esperar hasta que se despierte, ya que su actividad es fundamental en la prueba.

Una monitorización fetal puede ser externa o interna, en el primer caso se coloca un cinturón sobre el vientre de la madre mientras está acostada, que integra una serie de sensores responsables de registrar los distintos parámetros antes comentados. Cuando es interna, a través del cuello uterino se accede a la cabeza del futuro bebé, donde se colocan unos electrodos a fin de registrar los mismos valores que con la monitorización externa, aunque la información es mucho más precisa, se obtienen datos de la presión intrauterina del útero en reposo, la intensidad de las contracciones y su duración, etc.

El problema de la monitorización interna es que conlleva riesgos, se pueden romper las membranas y causar una infección, se puede provocar una lesión en la pared uterina o en el feto por una mala colocación del dispositivo, etc. Volviendo a la monitorización externa, sus principales ventajas son obvias, es una prueba no invasiva que no molesta a la madre ni al bebé, se puede realizar de manera cómoda y se puede obtener casi toda la información que se necesita, decimos casi, porque no se puede determinar la intensidad de las contracciones con la precisión que lo hace la monitorización interna.

A esto hay que sumar que la madre tiene que realizar cambios de posición para poder recabar la información necesaria, si además se producen contracciones, estas derivan en una pérdida de información. Pero a pesar de estos inconvenientes, es preferible una monitorización externa a una interna. Durante el último mes de embarazo, la monitorización se suele realizar de forma semanal, pero a partir de las 40 semanas, la prueba pasa a realizarse cada tres días hasta que llegue el momento de dar a luz, pero esta no es una regla exacta, todo dependerá del estado de salud que muestren la madre y el futuro bebé.

Sobre la duración de la prueba, si se desarrolla sin inconvenientes, es de unos 30 minutos, pero si el bebé está dormido o no adopta las posiciones adecuadas, se puede alargar un poco más. Cuando se finaliza la monitorización, la gráfica obtenida es interpretada por los profesionales sanitarios para determinar si existe algún tipo de riesgo, como el sufrimiento fetal, en ese caso es posible recomendar que se provoque el parto, una cesárea, etc., también se podrá determinar la presencia de otro tipo de anomalías, valorando los médicos qué estrategia se deberá seguir, si es necesario realizar más pruebas, etc.

Foto | Centro Ginecologico

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...