Los antidepresivos en el embarazo pueden afectar a la actividad cerebral de los bebés

Una investigación realizada en Finlandia concluye que los antidepresivos que se toman durante el embarazo para el tratamiento de la depresión o la ansiedad, pueden afectar a la actividad cerebral de los bebés. Los expertos han constatado que los recién nacidos tienen una diferencia significativa en la actividad eléctrica cerebral con respecto a los bebés de madres que no tomaron antidepresivos.

Antidepresivos en el embarazo

Se han realizado muchas investigaciones sobre el uso de los antidepresivos durante el embarazo, algunas muestran que existen diferentes riesgos para la salud de los bebés y otras concluyen que el riesgo es muy reducido en comparación con los problemas que puede causar la depresión durante la gestación en el bebé. En este sentido se puede citar esta investigación en la que concluía que la depresión en el embarazo incrementaba el riesgo de depresión en los hijos hasta tres veces cuando estos alcanzaran la edad adulta.

Este era el primer estudio que demostraba el impacto que tiene la depresión durante el embarazo en los hijos en todas las etapas del desarrollo. Los expertos consideraban que era necesario tratar la depresión con terapias psicológicas como parte de un programa de salud mental perinatal, además, esperaban que los resultados sirviesen para reabrir el debate sobre los tratamientos farmacológicos de la depresión en el embarazo, debido a las consecuencias negativas de no seguir un tratamiento. Bien, hoy conocemos el resultado de una nueva investigación realizada por expertos de la Universidad de Helsinki (Finlandia) en la que se concluye que los antidepresivos en el embarazo pueden afectar a la actividad cerebral de los bebés.

Los expertos explican que han detectado muchos cambios en la actividad cerebral de los recién nacidos de madres que sufrían depresión y estaban recibiendo tratamiento farmacológico, consideran que se trata de uno de los efectos secundarios que tienen este tipo de tratamientos y por ello, recomiendan que estos efectos sean evaluados con más detenimiento, ya que pueden estar relacionados con cambios muy pequeños en la estructura cerebral del feto.

Los problemas como la depresión o la ansiedad son tratados con medicamentos que afectan al metabolismo de la serotonina en el cerebro, los expertos comentan que estos fármacos son tolerados y en principio se consideran seguros para su uso durante el embarazo. Sin embargo, varios estudios realizados con animales muestran que la exposición temprana a estos fármacos, pueden provocar cambios en la estructura cerebral de los fetos, por lo que se pueden trasladar estos resultados al ser humano, sobre todo después de constatar que la actividad cerebral de los bebés experimenta cambios. Los expertos citan otras investigaciones que demuestran que la exposición fetal a estos medicamentos aumenta el riesgo de depresión en la infancia.

Este estudio es el primero de su clase en examinar los efectos que tienen los antidepresivos, tomados por la madre durante el embarazo, en la actividad cerebral de los recién nacidos. En las evaluaciones realizadas se determinó que los efectos en el comportamiento y las estructuras neurológicas eran pequeños, sin embargo, se apreció una diferencia significativa en la actividad eléctrica cerebral de los bebés que participaron en esta investigación.

Los expertos coinciden en que es necesario que las futuras mamás reciban tratamiento cuando presentan síntomas de depresión o ansiedad, pero consideran que las intervenciones no farmacológicas deberían ser el tratamiento de primera línea, ya que se ha demostrado que determinadas terapias, como las grupales, son prometedoras a la hora de tratar este tipo de problemas. Los investigadores esperan que su descubrimiento se tenga en cuenta en esta discusión internacional sobre el uso de antidepresivos durante el embarazo, también esperan que se busquen alternativas más eficaces para el tratamiento de la ansiedad y la depresión.

Podéis conocer todos los detalles del estudio a través de este artículo publicado en la página web de la Universidad de Helsinki.

Foto | Bridget Coila

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