La deficiencia de yodo durante el embarazo y la lactancia es un problema global

Una investigación muestra que la deficiencia de yodo durante el embarazo, la lactancia y durante los dos primeros años de vida, es un problema generalizado que afecta a países en vías de desarrollo y a países industrializados. Pero, además, se trata de un problema creciente que delata la necesidad de realizar mayores esfuerzos por garantizar que las madres toman la cantidad necesaria de este elemento a fin de evitar múltiples problemas en los bebés.

Falta de yodo en el embarazo

Según una investigación conjunta realizada por expertos de la Universidad de Surrey (Reino Unido) y el Hospital General de Riotinto (España), la deficiencia de yodo durante el embarazo y la lactancia no es un problema exclusivo del tercer mundo, se puede considerar global, ya que en los últimos años se han realizado estudios que demuestran que el problema está presente en varios países industrializados.

Esta deficiencia preocupa seriamente por las implicaciones que tiene en la salud pública y en particular en embarazadas y madres lactantes, los expertos consideran que es necesario poner en marcha programas de suplementación o fortificación de los alimentos para poder poner freno a esta deficiencia. Lo curioso de esto es que, paralelamente, en los últimos años se han realizado mayores esfuerzos para reducir la incidencia global de deficiencia de yodo, lo que no parece tener sentido.

Está ampliamente reconocido que la deficiencia de este elemento en el embarazo, la lactancia y durante los primeros dos años de vida del bebé, tiene consecuencias cognitivas negativas, los niños pueden sufrir problemas de las habilidades del desarrollo, el aprendizaje, la lectura, el cociente intelectual, etc. A esto hay que sumar que los expertos han identificado un nuevo escenario en el que los trastornos cognitivos se ven aumentados por trastornos del comportamiento como el autismo o el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH).

El periodo más crítico de la deficiencia de yodo se produce en las primeras etapas del desarrollo, la razón es que el cerebro del feto es extremadamente dependiente de este elemento, y no puede ser reemplazado por ningún otro. Es prioritario que la ingesta de yodo satisfaga las necesidades en el embarazo, ya que con ello se logrará un desarrollo neurológico óptimo, de lo contrario, la carencia puede conducir a alteraciones irreversibles en la estructura celular de la corteza cerebral del cerebro, alteraciones que causan una migración anormal de las neuronas, algo que, a su vez, está asociada con el deterioro cognitivo.

A los investigadores les ha sorprendido la percepción de que la deficiencia de yodo era un problema asociado a ciertas áreas o condiciones de pobreza, pues se aleja de la realidad. Durante años se ha creído que esta deficiencia se restringía sobre todo a ciertas áreas geográficas y condiciones de alto riesgo donde predomina la pobreza y la desnutrición, aunque las características clínicas más graves de la deficiencia perinatal de yodo se han erradicado progresivamente a través de programas de yodación de la sal y estrategias públicas de suplementos de yodo o fortificación, se ha producido un resurgimiento del problema que resulta preocupante y en países industrializados, lo que ha alertado y despertado la preocupación de las posibles consecuencias cognitivas que se derivarán.

Ante todos estos resultados, se llega a la convicción de que es muy necesario difundir la importancia del yodo, así como de enfatizar en los programas de suplementación y fortificación, ya que de lo contrario, en los próximos años podrían incrementarse algunos de los problemas antes mencionados. Por ello, se invita a que se desarrolle un enfoque de colaboración entre todas las partes interesadas en la mejora de la salud, ahora se habla de un problema de salud pública a nivel mundial por lo que se requiere un compromiso serio de las autoridades sanitarias para erradicarlo.

Podéis consultar la investigación titulada ‘Yodo como nutriente esencial durante los primeros 1.000 días de vida’ a través de este artículo publicado en la revista científica Nutrients.

Foto | Josh McGinn

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...