Embarazo tardío, cuerpo, mente y espíritu

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En un momento como el que se vive actualmente en las sociedades, la decisión de ser madre lleva implícita una serie de variables con tanto peso específico que es importante evaluar. No en vano, es cada vez más frecuente que las mujeres retrasen el momento de la maternidad atendiendo principalmente a la estabilidad económica y, aunque en menor medida, la estabilidad emocional.

La edad de la maternidad por lo tanto se va postergando y, es cada vez más frecuente encontrarse con madres que van a serlo o lo han sido por primera vez, bien pasados los 35 años.

Esta maternidad tardía tiene muchas ventajas analizada desde un prisma estrictamente emocional, evolutivo y de madurez. Sin embargo, físicamente, el embarazo por encima de los 35 años, no está exento de complicaciones que, se deben tener muy presentes por los efectos colaterales que pueden desencadenar.

El cerebro y la maternidad

Empecemos por la psicología, núcleo central de la actitud y gobernante máximo de nuestros actos y, en un porcentaje cada vez más frecuente, del correcto desarrollo de nuestras vidas a nivel sanitario.

El conocido reloj biológico se activa de forma intrínseca en cada mujer y resulta sorprendente darse cuenta que nada tiene que ver con las hormonas o cualquier otro suceso a nivel fisiológico, pero se activa. Es una situación que no tiene edad definida y que, de acuerdo a la experiencia propia, podría asegurar que está más relacionado con aspectos ambientales y de situaciones vitales que con los ciclos hormonales.

Un reloj biológico que cuando se activa tardíamente se condiciona de forma indivisible con el miedo. No en vano, los embarazos tardíos tienen un alto grado de complicaciones adicionales únicamente provocadas por la edad de la madre.

Psicológicamente por lo tanto, vivir un embarazo en una edad avanzada, requiere de una situación armónica y equilibrada que debe partir especialmente de la mujer.

El mundo de lo físico

Aquí entramos de lleno en el funcionamiento de nuestro cuerpo, en la denominada edad biológica. Ésta, con independencia de cómo se sienta la mujer en el momento de tomar la decisión de quedarse embarazada, tiene su techo de fertilidad óptima entre los 25 y los 35 años.

Una vez sobrepasada esa edad, la posibilidad de desarrollar complicaciones durante el embarazo se incrementa considerablemente y, es por esta razón, por la que los controles deben realizarse de una forma más frecuente y exhaustiva, aunque será su médico especialista quien le dará los calendarios y pruebas específicas para su caso en particular.

Dentro de las complicaciones más frecuentes de un embarazo tardío, se encuentra un elevado número de mujeres que desarrollan preeclampsia, diabetes gestacional, alteraciones del tiroides y partos antes de término.

Estas complicaciones, ya en si delicadas, no son las únicas. Debe saber que a partir de los 35 años, existe un mayor número de posibilidades de concebir un bebé afectado del síndrome de Down.

Minimizando los riesgos

No cabe ninguna duda que todas las complicaciones detalladas son conocidas, ahora ¿qué podemos hacer para minimizar los riesgos en caso de haber decidido ser madres tardíamente?

Principalmente y, a diferencia de un embarazo en edad óptima, hay que preparar el organismo. Cuerpo y mente deben someterse a controles previos para determinar el estado de la madre y preparar a conciencia el cuerpo que albergará al nuevo ser humano.

El control prenatal es la mejor herramienta para ello. Este consiste en estudios genéticos previos a la concepción. El médico realizará un completo control ginecológico y evaluará el estado general de la madre. Adicionalmente, introducirá modificaciones en los hábitos de la madre para optimizar el punto de partida de la concepción.

Únicamente llevando a cabo el control previo, la responsabilidad se transforma en la mayor ocupación, que no necesariamente tiene que ser preocupación, de la madre y se sientan las bases de un embarazo tardío… pero bien preparado.

Una vez embarazada…

Una vez que el embarazo se ha producido, éste se desarrollará con los mismos síntomas asociados en cada trimestre y los mismos controles de concepción establecidos para cualquier embarazo. Sin embargo, es importante saber que el control será más exhaustivo y llevará implícito un mayor número de pruebas de control a las que hay que añadir la detección precoz del síndrome de Down a través del análisis del líquido amniótico amniocentesis– como forma de comprobar si existe o no anomalías en el desarrollo del bebé.

A tener en cuenta

Si te encuentras por encima de los 35 años y ha llegado su momento de ser madre, debes tomarlo como un asunto serio y primordial en su vida. La responsabilidad, el compromiso y tu autocuidado, son fundamentales para que su hijo nazca sano y la experiencia sea enriquecedora.

Acude a un especialista antes de concebir a tu hijo, permite que le asesoren y sigue estrictamente las indicaciones que te den, así como los tratamientos indicados.

Por último no te olvides que un hijo cambia la vida y, aunque este es un cambio que se produce internamente y a medida que el bebé se va desarrollando en tu interior sin que debas hacer nada por fomentarlo, es muy importante que tengas presente que, a partir de ese momento y en una edad en la que el “crecimiento” de la persona ha llegado a su clímax, ese niño vendrá para darte la oportunidad de seguir evolucionando.

Establece una relación en la que la alimentación sea bilateral, la maternidad es una experiencia única y, como punto positivo destacable de un embarazo tardío, estás en tu mejor momento vital para vivirla plenamente. ¡Felicidades!

Foto | De Aquella Manera

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