El fórceps

El fórceps es un instrumento quirúrgico, a modo de tenazas, que sirve para ayudar a la madre a dar a luz a su hijo. Se utiliza cuando ésta no puede empujar más y sirve como sustituto de la cesárea. A pesar de los riesgos que conlleva (lesiones en el rostro del feto o en la vagina de la madre), es bastante beneficioso cuando el parto se prolonga demasiado o el feto es de un tamaño considerable.

Fórceps

El fórceps es un instrumento quirúrgico que, a modo de tenazas, sirve para extraer el feto del interior de la madre. Se utiliza cuando ésta no tiene más fuerzas para empujar, cuando el bebé es de un tamaño grande o cuando existe cierto riesgo durante el parto. Cuando estás embarazada, a punto de dar a luz, seguro que lo primero que piensas es tener a tu hijo con la mayor normalidad posible. Lo importante es que el nacimiento no haga daño al bebé, por lo que el uso del fórceps puede causar pánico entre las parturientas. Aunque puede causar algunos daños en los nervios o en tejidos internos, deberías saber que el fórceps es un buen sustituto de la cesárea: mucho más rápido y mucho menos complicado.

La cesárea se practica cuando el parto no se puede realizar por la vía vaginal o puede tener un gran daño en la madre o en el feto. Sin embargo, en muchos casos se puede ahorrar esta incisión quirúrgica sobre el abdomen y utilizar el fórceps. Es evidente que una operación no gusta a nadie y más aún sabiendo que tu hijo va formar parte de esta intervención. Por lo que el fórceps puede ser una buena solución en caso de que el feto no avance por el canal del parto. Este instrumento consta de dos palas metálicas articuladas. En un extremo se encuentran los mangos, a partir de los cuales el fórceps será manejado; y en el otro extremo se hallan dos especies de cucharas, que se adaptan a la cabeza fetal y al canal del parto. El médico cogerá este instrumento, con él atrapará la cabeza del feto, lo hará girar y tirará de él hasta que el bebé asome al exterior.


La utilización del fórceps se aconseja cuando el parto se prolonga demasiado tiempo. Ante el agotamiento que produce empujar, la madre puede necesitar una ayuda exterior. En este caso, el fórceps sólo ha de utilizarse cuando el cuello del útero esté dilatado al máximo, la bolsa amniótica se haya roto y la cabeza del feto se haya encajado. Años atrás –ten en cuenta que el fórceps se inventó en Inglaterra hacia el año 1600–, este instrumento solamente se utilizaba cuando al bebé le faltaban unos diez centímetros por descender. Hoy en día se usa únicamente para los últimos dos o tres centímetros.

Para culminar, hablaré de los riesgos que acarrea el uso del fórceps. A pesar de sus beneficios, siempre hay que tener en cuenta los peligros derivados de su uso. Entre estos debes conocer, principalmente, los dos siguientes: el fórceps puede dejar marcas en el rostro del bebé –aunque desaparecen a los escasos días–, y también puede producir lesiones en el nervio facial del feto y en la vagina o en la vejiga de la madre.

Foto: McLeod en Wikimedia

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