El diagnóstico psiquiátrico en el embarazo no afecta a la salud del bebé

Según los resultados de una investigación estadounidense, el diagnóstico psiquiátrico en el embarazo, como sufrir depresión, trastorno de pánico o trastorno de ansiedad generalizada, no afecta a la salud de los futuros bebés. En cambio, el tratamiento que se proporciona para estos problemas sí puede afectar a los pequeños, se ha constatado que se acorta ligeramente el tiempo de gestación, los bebés nacen con menos peso y pueden tener problemas respiratorios, aunque el porcentaje es muy pequeño.

Trastornos psiquiátricos en el embarazo

Según una investigación desarrollada por expertos de la Universidad de Yale (Estados Unidos), sufrir algunos de los trastornos de salud mental más habituales, como depresión, trastorno de pánico o trastorno de ansiedad generalizada durante el embarazo, no supone una amenaza para la salud de la madre ni para la salud del futuro bebé. Los expertos consideran que el resultado del estudio arroja un mensaje importante para tranquilidad de las mujeres que estando embarazadas sufren algunos de los trastornos indicados.

La responsable del estudio, la doctora Kimberly Yonkers, profesora en psiquiatría, epidemiología, obstetricia, ginecología y ciencias reproductivas, asegura que el diagnóstico psiquiátrico en el embarazo no afecta a la salud del bebé, al menos en los referidos, y así se demuestra en el seguimiento realizado a 2.654 mujeres en 37 prácticas clínicas realizadas en los Estados de Connecticut y Massachusetts, con el objeto de evaluar el impacto de los trastornos psiquiátricos durante el embarazo.

Según los resultados, no se encontraron diferencias que determinaran que los resultados de madres o bebés fueran peores en el caso de que las mujeres sufrieran depresión, trastorno de pánico o trastorno de ansiedad generalizada, en comparación con las mujeres que no tenían problemas de salud mental. Sí encontraron que el uso de fármacos como la benzodiacepina, utilizada habitualmente para el tratamiento del trastorno de ansiedad generalizada o el trastorno del pánico, provocaba que los bebés nacieran con un peso ligeramente inferior al de bebés cuyas madres no tenían estos problemas.

Se constató que los bebés de estas madres con estos problemas mentales (61 de 1.000 casos), tuvieron que recibir un apoyo adicional para recibir más oxígeno, es decir, tenían dificultades respiratorias. También se constató que el uso de un tipo de antidepresivos conocidos como inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, que se utilizan para tratar cuadros depresivos, trastornos de ansiedad y algunos trastornos de personalidad, acortaron la gestación en una media de 1’8 días.

Los investigadores comentan que se ha vinculado la ingesta de antidepresivos con enfermedades hipertensivas en 53 de cada 1.000 embarazos, además, se asociaron a más casos de intervenciones respiratorias menores en los bebés tras el nacimiento. Tal y como se presentan los resultados, parece que los expertos aboguen por evitar el tratamiento, pero aclaran que no se pretende sugerir que se abandone el tratamiento, sino que se hable con los médicos para que se ajuste correctamente la dosis de los fármacos para que estas sean lo más bajas posibles a fin de reducir cualquier riesgo.

A esto se suma la recomendación de que las pacientes sigan un estilo de vida saludable y realicen ejercicio de forma regular, algo que ayudará en el estado de salud mental y en la salud del futuro bebé. Hay que decir que este tema es controvertido, hemos conocido estudios en los que se concluye que es vital el tratamiento ya que la madre podría sufrir peores problemas psiquiátricos tras el embarazo, otros, en cambio, apuntan lo contrario.

Este estudio respalda en cierto modo el realizado por expertos de la Universidad de Aarhus (Dinamarca), en el que se concluía que los antidepresivos en el embarazo podían provocar trastornos psiquiátricos en los niños. El estudio de la Universidad de Yale se centra sólo en el embarazo y en el nacimiento, habría sigo interesante que se hubiera realizado un seguimiento a madres y bebés durante un periodo más extenso. Podéis conocer todos los detalles de la investigación a través de este artículo publicado en la revista científica JAMA Psychiatry.

Foto | Arkansas ShutterBug

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