Amnioscopia

Estado del líquido amniótico

Una amnioscopia suele realizarse a la futura mamá cuando el parto se retrasa, gracias a un amnioscopio se puede realizar un examen visual del estado del líquido amniótico y la existencia de hipermadurez fetal. El amnioscopio se introduce a través del cuello del útero hasta que alcanza la bolsa de aguas, una especie de bolsa que está formada por finas membranas y que contiene el líquido amniótico y al bebé.

Con la amnioscopia se comprueba la posición fetal y todas las características del líquido amniótico. A través de un haz de luz se ilumina el líquido amniótico para comprobar su coloración, un color amarillento podría indicar la presencia de bilirrubina por incompatibilidad sanguínea, un color verdoso indica la presencia de meconio y problemas como la hipoxia, un trastorno que indica la privación de oxígeno y la posibilidad de sufrimiento fetal, finalmente, un color de líquido amniótico rojizo podría indicar la muerte del feto.

En otras ocasiones la amnioscopia también se puede utilizar para tomar muestras de sangre del feto en el caso de que la bolsa de aguas se haya roto y se sospeche de la existencia de algún problema en el parto.

La amnioscopia no es una prueba dolorosa, la única molestia que siente la futura mamá es la dilatación del cuello uterino cuando se introduce el amnioscopio. La prueba no dura más de 20 minutos y generalmente no entraña problemas, aunque en algunos casos puede provocar la rotura de la membrana placentaria. Tras realizar la prueba pueden aparecer molestias parecidas a las que se padecen cuando se tiene la menstruación.

La prueba está contraindicada en aquellas futuras mamás que están de parto, si existe una infección en el cuello uterino o si se ha producido una rotura prematura de la bolsa de aguas.

Más información | Saludalia
Foto | Lori Hill Photography

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