Adoptar embriones, otra forma de ser padres

Cuando se tienen problemas para conseguir un embarazo y se opta por una fertilización in vitro, ya a raiz de que una pareja o una mujer soltera tengan grandes deseos de tener un bebé, generalmente no se suelen implantar todos los embriones obtenidos, por lo tanto gran número de los mismos quedan sin uso ya que la ley prohíbe insertar más de tres en el cuerpo de la mujer, ya que de lo contrario se corren demasiados riesgos de embarazo múltiple.

Lo que ocurre con todos esos embriones que “sobran” es que son posteriormente congelados y almacenados en las clínicas de reproducción asistidas, en donde son mantenidos hasta que se tome una de tres decisiones entre las opciones de ¿qué hacer con ellos?, la primera es destruirlos, también se pueden donar para investigación o volverlos a utilizar, pero esto generalmente no ocurre ya que las familias que consiguen un bebé o dos, raramente quieren volver a pasar por todo el proceso.

Teniendo en cuenta esta tendencia Marisa López-Teijón ha desarrollado un nuevo concepto que sorprende a los especialistas de reproducción asistida, ya que ya ha posibilitado el nacimiento de más de 500 niños en todo el mundo, ya que la opción que propone es la de la adopción, no de niños ya nacidos en este caso, sino de los embriones que a futuro darán lugar a una nueva vida. Esta mujer es conocida por sus pacientes como el ángel de los huérfanos congelados.

Este nuevo sistema de adopción de embriones ha tenido la misma aceptación a nivel social y ético que sus pares en reproducción en lo referente a donación de óvulos y semen, la única diferencia es que en esos casos se intenta buscar donantes con características similares a las de los padres solicitantes, en el caso de la adopción de embriones, el niño resultante tendrá las características de sus padres biológicos, como ocurre en casos en los que se adoptan niños ya nacidos.

Este proceso de adopción de embriones se basa en la Ley 45/2003 que está vigente desde el año 2003, cuando se sumó a las opciones vigentes sobre el uso de los embriones sobrantes congelados, hasta ese entonces solamente se podían implantar a la propia mujer o donarlos si, y solamente si, la mujer o la pareja indicaba de forma específica y por carta que quería donarlos, la mayoría de las veces las familias se despreocupaban de esos embriones una vez que ya tenían un bebé, y lo que ha cambiado es que ahora son útiles para la donación sin ese formalismo.

La experta explica el motivo por el cual los donantes no responden sobre sus embriones sobrantes:

“Destruirlos les da pena y, además, no se puede hacer hasta que no se tiene el informe médico que acredite el fin del periodo reproductivo de la mujer; la investigación les da miedo por lo que puedan hacer a sus embriones y la donación les preocupa, porque temen poder encontrarse con posibles hijos en un futuro”.

Se trata de una nueva solución a los casos de infertilidad, que da lugar a una oportunidad a esos embriones olvidados, y a las familias que desean tener niños, ya que además la adopción de embriones es sumamente más económica que la donación de semen u ovocitos para conseguir un embarazo, por lo que se termina con el problema de acumulación de embriones, y el de todos esos padres y madres que sueñan con tener un pequeño al cual criar.

Vía | El Mundo
Foto |  CarbonNYC de Flickr

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