Muchos regalos, niños menos felices

Llegó la Navidad y con ella los obsequios. Hacer la elección adecuada, sin caer en los excesos es necesario para que los pequeños del hogar se diviertan y eduquen.

Regalar demasiado afecta la personalidad de los niños

La temporada navideña es la preferida de los niños. Recibir regalos de Santa Claus, los Reyes Magos o de sus mismos familiares, les llena de ilusión y dicha. Sin embargo, diversos estudios advierten que se debe vigilar la cantidad y calidad de los obsequios que se les entrega, pues esto influye en su personalidad y valores.

La época se presta para el bombardeo publicitario invitando al consumismo, cuestión que se debe evitar al momento de elegir. Más allá de la moda o las nuevas tendencias, los padres deben considerar las necesidades del pequeño y la seguridad del producto. Las preferencias del menor también deben ser tomadas en cuenta, pero sin ser demasiado complacientes, ni caer en los excesos.

Si bien las cartas de los infantes no tienen límites, los adultos deben fijarlos. Si se acostumbra a colocar en el carrito de compra todo lo que ellos desean, se estará promoviendo la insatisfacción futura. Los reclamos del niño y sus demandas de cosas irán aumentado.

Así lo señalan expertos en psicología infantil como Manuela del Palacio, quien labora en un colegio de Galicia, España. La especialista asegura que cuando un chico tiene muchos juguetes, se le disminuye la capacidad de atención, pues se vuelven incapaces de centrarse en una solo objeto. Además, el tenerlos en demasía no incrementará su diversión ni su felicidad.

El exceso de regalos puede ser perjudicial

El síndrome del niño hiperregalado ha cobrado fuerza en España. De hecho, se estima que los niños reciben un promedio de 10 obsequios por Navidad. Esto se debe, a que muchos progenitores intentan suplir la falta de tiempo que le dedican a sus hijos con presentes de toda índole. Aunque al principio se sientan agradados, se van convirtiendo en infantes desagradecidos, difíciles de sorprender y exigentes.

Algunos especialistas consideran que el cumulo de regalos reduce significativamente su nivel de tolerancia a la frustración y, en ocasiones, los sobreestimula. Incluso, pueden perder la ilusión. Su emoción se dispersa, hasta el punto de desaparecer. La ventaja, es que los niños pueden adaptarse plenamente a los ajustes. De allí que si se conversa con ellos y se les explica, no tendrá inconvenientes en recibir sólo una o dos cosas de las tantas que pudo haber solicitado.

Ni en la abundancia, ni en lo exageradamente costoso recae la plenitud de un chiquillo. Sólo hay que ayudarle a que se decida por algo que realmente lo cautive y lo colme de entusiasmo. El deber de los padres es gestionar sus expectativas eficientemente.

¿Qué evaluar al escoger el obsequio?

La edad y condición del niño también deben imperar a la hora de adquirir un presente. Si es muy pequeño, las piezas tienen que ser grandes para que no pueda introducirlas en la boca. No deben ser artículos de gran dificultad, ya que aumentarán su frustración por no saber utilizarlos.

Es bueno motivar destrezas en áreas como el deporte, la música o la pintura. Por ello no se trata sólo de cumplir un deseo del menor, sino de reforzar ciertas aptitudes que le sean de provecho. Si el aprendizaje y la distracción se conjugan, mucho mejor. No hay que obviar que el juego y el entretenimiento son vitales para los chiquillos.

Los momentos valen más que los objetos

Generalmente los infantes también se ven envueltos en la vorágine publicitaría de las fechas y piden lo que sale en la televisión sin saber si les gustará. En este caso hay que apelar a la orientación. 

Una excelente opción es obsequiar momentos familiares y no objetos. Entradas al cine, al parque, a un concierto o un viaje son alternativas perfectas para escapar y disfrutar juntos.  Claro, si no se resiste a llevar el videojuego que clama su retoño, procure que se le dé un buen uso.  Establezca límites y supervise.

Cuidado con los estereotipos

Romper con los estereotipos impuestos en la sociedad es otra labor que tienen que asumir los papás de hoy. El cochecito rosa para las niñas y los camiones azules para los niños quedaron atrás. Es justo y necesario educar en aspectos esenciales como el respeto y la diversidad, para acabar con el sexismo desde la infancia. No acepte la imposición de roles. ¿Por qué su hija no puede ser ingeniera y construir casas o por qué su hijo no puede emplear utensilios de juguete para cocina?

La finalidad de un juguete es brindar esparcimiento, no etiquetar. Hay que reflexionar al respecto.

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