Los niños copian todo lo que haces. ¡Presta atención!

Los padres son el ejemplo de los niños. Si eres violento o incurres en malas conductas, tus hijos pueden copiarlas y asumirlas como comportamientos normales. Ten cuidado con lo que haces.

La conducta de los padres incide en la personalidad de los hijos Cuando la paternidad/maternidad llama a la puerta, muchas cosas deben cambiar. El estilo de vida, la manera en la que se gestiona la economía en el hogar, la distribución de ciertos espacios, pero sobre todo algunos hábitos. Si hasta este momento pensabas que sólo los rasgos físicos se heredan, te equivocas. Estudios han demostrado que parte de la personalidad de los niños procede de los padres, principalmente de aquel con el que establecen mejor relación.

Si el pequeño crece al lado de un padre o una madre que muestre constantes acciones agresivas, es posible que llegue a desarrollar comportamientos similares en escenarios distintos a su entorno familiar inmediato.

Oír frases como “tiene el mismo carácter del papá” o “heredó el genio de la mamá” no es algo casual. A juicio de decenas de especialistas, los infantes comienzan a repetir los patrones de conducta de sus padres desde el primer año de edad. Incluso, está más que dicho que las personas aprenden por imitación, tomando como base lo que ven de sus papás. Por ello, los expertos insisten en la necesidad de asumir buenos hábitos de alimentación, habla, estudios, comportamiento social… para así tratar de orientar la personalidad de sus hijos hacia el lado más positivo.

En circunstancias en las que el pequeño no quiera ser partícipe de buenos hábitos, es de vital importancia corregir a tiempo a través del diálogo, establecimiento de rutinas, entrenamiento, razonamiento, recompensas y algunas limitaciones, de ser necesario. No hay que olvidar que el ejemplo siempre será la mejor manera de educar.

Los malos hábitos se heredan

Cuando hay casos de adicciones en el núcleo del hogar, existe un alto riesgo de que los niños puedan asumirlas, porque generalmente éstas se mantienen por mucho tiempo hasta convertirse en un círculo vicioso. Lo mismo ocurre cuando la violencia se apodera de la familia. Si el niño crece viendo a una madre alcohólica, o a un padre que recurre a los golpes constantemente, es muy posible que vea estas acciones como conductas normales. Tendremos entonces a niñas sumisas ante el maltrato o a niños que enfrentan sus conflictos con insultos y peleas. No obstante, hay que reconocer que en esto también inciden el nivel académico, el estado socioeconómico y la orientación familiar. Las drogas, el cigarro y otros vicios se profundizarán en la medida en que los padres o demás familiares lo permitan.

Las cosas buenas también se imitan

En este tema de las conductas heredadas no todo es negativo. Las familias que respetan y traspasan, de generación a generación, acciones como reuniones, celebraciones, encuentros especiales, viajes y paseos, entre otras, deben alimentarlas y mantenerlas. Son experiencias que engrandecen el espíritu, nutren la sensibilidad humana, afloran los buenos sentimientos y enseñan a valorar la vida más allá de lo material.

Enseñar con el ejemplo… Esa es la clave

La crianza de los niños no es nada fácil. No hay manuales, prácticas certeras ni reglas de éxito, pero sí muchas maneras de actuar para convertirse en un ser digno de admirar e imitar. Para ser el mejor modelo para tus hijos, considera aplicar estas recomendaciones que ofrecen los especialistas:

  • Rige tu vida por comportamientos sanos, principalmente en todo lo relacionado a la higiene, la nutrición, la socialización y la preparación profesional.
  • No expongas a tus hijos a conductas obscenas o agresivas, ni mucho menos las practiques en casa. Aunque no lo creas, estas son las primeras que imitan y sacan a flote en el colegio, delante de sus compañeros, quienes tendrán sus propios hábitos.
  • Dale a la comunicación el lugar que merece. Habla claro y sin rodeos. Ellos tienen derecho a escuchar de tu propia boca lo que es bueno y malo para ellos. Dejar esto en manos de los demás es un riesgo que no querrás enfrentar. Explícales qué cosas de su entorno puede o no copiar. De lo contrario, irán absorbiendo patrones que, aunque no son tuyos, perjudicarán sus actos futuros.
  • La inteligencia emocional es clave en esto. Los castigos agresivos y los regaños no harán que tus niños dejen de lado las malas conductas. Apela al amor y a los valores para corregir las acciones que consideres inadecuadas.
  • Buscar ayuda no está demás. Los psicólogos están preparados para enfrentar cambios abruptos en su conducta. Hay terapias que ayudan a manejar el estrés, el desánimo, la angustia y otros sentimientos que pudieran estar llevando a tu hijo a comportarse de manera indebida.

Sin ser sobreprotector o extremadamente relajado, debes estar al pendiente del diario actuar de tu pequeño. Un consejo a tiempo puede salvarlo de muchos peligros. No dejes que la ira te controle, ni lleves las situaciones al plano negativo. Con eso sólo empeorarías las cosas.

Mantén la calma, toma una actitud beligerante y huye de las discusiones sin sentido. Ten presente que ellos, al igual que tú, están en el derecho de cometer errores. Lo fundamental aquí es aprender de ellos y salir adelante.

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