Los bebés no son nerviosos, inquietos o terremotos, se están relacionando con la vida

Los bebés se relacionan con la vida caminando, corriendo, tocando, descubriendo, rompiendo… no es que sean nerviosos o un terremoto, es que tienen mucho que descubrir.

Bebés movidos, inquietos

A todos los padres nos emociona cuando nuestro hijo (o hija) empieza a dar sus primeros pasos, y disfrutamos de todo el desarrollo que conlleva el aprender a caminar, sus logros son nuestros logros. No obstante, es una época en la que los padres somos los mayores sufridores del mundo, pues el pequeño no da un paso sin que nosotros no digamos interiormente un ‘¡ay!’, porque es tan torpe que al principio cada paso es casi un tropiezo, porque tiene tanta seguridad que después de dar cuatro pasos quiere empezar a correr, sólo nosotros vemos los peligros.

Y esto puede suceder a los 10 o a los 15 meses, incluso antes o después, todo depende del desarrollo del bebé, cada uno tiene su ritmo y si va más tarde que otros no hay que preocuparse (siempre que no haya otras cuestiones que le impidan empezar a caminar), acabará caminando como todos. Cuando el bebé experimenta la libertad de poder caminar aunque sea sin rumbo y sin saber con lo que se va a encontrar, lo difícil es retenerle en un habitáculo como el parque infantil durante mucho tiempo, pero esto es normal.

Poco a poco va descubriendo que tiene mucho por descubrir, y lo normal es que los niños no quieran parar quietos, ¿cuántas veces habéis escuchado a los papás decir que su hijo es muy nervioso, muy movido, inquieto, un terremoto…? Bien, pues esa inquietud es la demostración de su interés por relacionarse con la vida, los bebés tienen que moverse, tocar, descubrir, aprender…

De acuerdo que hay niños más tranquilos, pero esto no quiere decir que a su ritmo no estén también descubriendo el mundo. Por lo que como padres, debemos respetar el modo en el que nuestro hijo se relaciona con la vida, siempre con una actitud vigilante, siendo permisivos en la medida en la que pueda explorar lo que le rodea y que podamos evitar que se haga daño.

Porque cuantos más límites se pongan, más se alargará el periodo de aprendizaje, así que debemos satisfacer su necesidad de caminar y explorar siempre que nos resulte posible, ahora bien, siempre instaurando e intentando hacerle entender unas simples normas de seguridad, al principio puede costar, pero nadie dijo que ser padre fuera fácil.

Los bebés no son nerviosos, inquietos o terremotos, se están relacionando con la vida, como padres, esto lo descubriremos pronto, no nos resultará difícil diferenciar la inquietud diaria por descubrir lo que les rodea con las ocasiones puntuales en las que los niños sí estén realmente nerviosos. Esto tampoco es un problema, igual nos sucede a los adultos. Sobre cómo apaciguar ese nerviosismo, hablaremos en otra ocasión.

Foto | Philippe Put

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