Los bebés aprenden el valor del trabajo duro observando a los adultos

Una investigación estadunidense demuestra que los bebés aprenden el valor del trabajo duro observando a los adultos, aprendiendo concretamente lo que es el valor del esfuerzo y la persistencia. Según los resultados, los expertos consideran que es bueno que los niños vean el modo en el que se abordan los desafíos y contratiempos, y que los padres eviten hacerlo todo fácil.

Los orígenes sociales de la persistencia

Según un estudio del Departamento de Desarrollo Humano y Metodología Cuantitativa, Universidad de Maryland (Estados Unidos), los bebés aprenden el valor del trabajo duro observando a los adultos, y con trabajo duro, los expertos se refieren al valor del esfuerzo y la persistencia. Esto sugiere la existencia de un mecanismo de aprendizaje potencialmente poderoso que ayudará en un futuro a los niños a abordar situaciones desafiantes y complicadas.

Los investigadores explican que estas características no son necesariamente innatas y así se ha demostrado en este estudio en el que participaron un grupo de bebés de 15 meses de edad. En el experimento realizado se dividió a los niños en dos grupos y a cada uno se le mostró una situación, en la primera tarea los niños vieron a un adulto intentando realizar una tarea con intentos torpes y erróneos durante un periodo de 30 segundos, la tarea era sacar una rana de plástico de un cubo o sacar un llavero de un mosquetón. En la segunda tarea los niños vieron a un adulto completar la tarea con suma facilidad hasta tres veces en 30 segundos.

Posteriormente se dio a todos los niños lo que parecía un juguete musical con un botón en la parte superior, aunque si se oprimía no se producía ninguna reacción (sonar una melodía). Los investigadores observaron a ambos grupos de niños para comprobar cuántas veces oprimían el botón, curiosamente, se constató que los niños que observaron al adulto haciendo la tarea con complicaciones oprimieron el botón el doble de veces que los que observaron al adulto que acometió la tarea fácilmente.

Hay que decir que a los niños se les dio un objeto diferente al que manipularon los adultos a fin de descartar que sus acciones fueran el resultado de imitar a los adultos. Los adultos no oprimieron botones y tampoco intentaron activar un juguete musical, lo que demuestra que los pequeños no estaban imitando la tarea, aunque si la persistencia y la tenacidad. Por ello, se considera que los adultos suelen intentar realizar tareas de forma que parezca sencillo, pero el estudio demuestra que es bueno que los niños vean el esfuerzo y la complicación de una tarea, ya que aprenden que hay que ser perseverantes para alcanzar el objetivo.

Los investigadores consideran que talento y capacidad son aspectos valiosos, pero también es importantes creencia y mentalidad para ayudar a motivar a los niños, los pequeños aprenden desde una pronta edad lo que resulta fácil y difícil, y también que algo puede ser difícil, pero no imposible. Por ello se considera que es bueno que los niños desde bien pequeñitos observen todo tipo de tareas, como preparar la comida, limpiar la casa, reparar una bicicleta u otras cosas que les ayudarán a formar su grado de perseverancia y tenacidad.

Los expertos explican que en investigaciones anteriores se ha demostrado que enseñar a los niños a concentrarse en el esfuerzo, viendo las oportunidades y los problemas en el aprendizaje, favorece mejorar a nivel individual, pero no se había valorado si era un rasgo de personalidad heredable o si podría tener algo que ver con las experiencias de los niños pequeños, los resultados muestran que este tipo de comportamientos se aprenden.

A medida que se investiga sobre la capacidad de aprendizaje de los niños, se demuestra que muchas habilidades las adquieren mucho antes de lo que se imaginaba y otras son innatas, un segundo idioma, el reconocimiento de las buenas obras, el altruismo, etc. Podéis conocer más detalles de la investigación sobre los orígenes sociales de la persistencia a través de este artículo publicado en la página web de la Universidad de Maryland y en este otro publicado en la revista científica Science.

Foto | Jay

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