Vitamina K en los recién nacidos

La vitamina K es muy importante en los recién nacidos, se administra porque tienen un nivel muy reducido de esta vitamina en su organismo, lo que puede derivar en problemas de coagulación, provocando sangrados espontáneos en distintas etapas del desarrollo.

Importancia de la vitamina K

Tras el parto, el médico suele realizar una primera exploración a los recién nacidos que incluye una serie de pruebas, también les procuran unos cuidados mínimos y básicos, como la aplicación de una pomada en los ojos para evitar el riesgo de que puedan sufrir una conjuntivitis neonatal, y el suministro una dosis de vitamina K, vitamina implicada en la formación de la protrombina y otros factores de la coagulación sanguínea, en el metabolismo óseo, etc.

Dado que los bebés vienen al mundo con un bajo nivel de vitamina K, es necesario administrar una dosis para garantizar que el sistema de coagulación funcionará perfectamente. Si no se administrase, el bebé podría sufrir sangrados espontáneos en las primeras 24 horas tras el nacimiento (sangrado espontáneo precoz), entre el segundo y el decimocuarto día tras el nacimiento (sangrado espontáneo clásico), o en la segunda semana tras cumplir los seis meses de vida (sangrado espontáneo tardío).

Un recién nacido tiene un nivel bajo de esta vitamina debido a que este nutriente no pasa fácilmente de la placenta a su organismo, por otro lado, la leche materna es una fuente pobre en esta vitamina, por ello conviene administrarle una dosis para prevenir los problemas descritos. Se recomienda que los bebés de 0 a 6 meses tomen dos microgramos de esta vitamina por día, en los bebés de hasta 12 meses 2’5 microgramos, en niños de 12 a 36 meses 30 microgramos, y hasta que cumplan los 18 años, unos 60 microgramos.

Con respecto al riesgo de sangrado, este se puede producir en el tracto intestinal, algo que se identifica a través de las heces del bebé, en zonas donde se haya realizado una punción con una aguja, sea la administración de una vacuna, o cualquier otra prueba médica, en la zona del ombligo, algo lógico teniendo en cuenta que durante los primeros días esta zona se está curando y cicatrizando, o en el revestimiento de las membranas mucosas que se localizan en zonas como la boca o la piel.

Este tipo de sangrados no son tan peligrosos como los que se podrían originar en otras zonas del cuerpo, como por ejemplo una hemorragia intracraneal, en este caso el bebé puede sufrir secuelas neurológicas e incluso fallecer. De todas las soluciones posibles, la más eficaz es la inyección de vitamina K, al ser intramuscular es dolorosa, pero dada su importancia es necesario administrarla.

Podemos encontrar varios alimentos que son fuente de vitamina K, cereales, productos lácteos, alimentos vegetales. etc. También se recibe a través de síntesis de las bacterias que habitan el intestino. En el caso de los bebés, esta síntesis no se puede realizar, ya que el intestino es estéril y no cuenta con las bacterias capaces de sintetizarla, es otro motivo más por el que se ha de proporcionar la vitamina a los recién nacidos.

Una vez que se entra en la dinámica de la dieta normal y se cuenta con los microorganismos intestinales capaces de sintetizar la vitamina K, el organismo no necesita recibir diariamente este suplemento, ya que el cuerpo almacena esta vitamina. Merece la pena acceder a este enlace y conocer mejor lo importante que esta vitamina es para el organismo.

Foto | Salimfadhley

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