Un estudio asocia el tiempo que pasa un bebé frente a las pantallas con síntomas similares al autismo

Los resultados de una investigación estadounidense asocian el tiempo que pasa un bebé frente a las pantallas con síntomas similares al autismo. El estudio a sido criticado por diferentes investigadores por lo que consideran errores graves de procedimiento, pocos participantes, complicaciones en la detección de síntomas del autismo en bebés, etc.

Trastorno del Espectro Autista (TEA)

En la revista científica JAMA Pediatrics se ha publicado un estudio en el que se asocia el tiempo que pasa un bebé frente a las pantallas con síntomas similares al autismo. Según los resultados, la exposición de bebés de 12 meses de edad a las pantallas, como la televisión, provoca que a los dos años de edad tengan un 4’2% más de posibilidades de tener síntomas similares a los trastornos de espectro autista.

Los responsables de la investigación comentan que existe mucha literatura científica que demuestra que existe una relación entre el abuso de las pantallas y retrasos en el desarrollo de los más pequeños. Así mismo, existen otros estudios que demuestran que la interacción entre padres e hijos en el desarrollo, ofrece muchos beneficios para los más pequeños, por lo que se aconseja apartar la tecnología y dedicar más tiempo a interactuar con los bebés.

En la investigación se utilizaron los datos del National Children’s Study, un proyecto de investigación que analiza la relación entre el desarrollo infantil y las influencias de carácter ambiental o epigenéticas, a esto se suman encuestas realizadas a los progenitores sobre el tiempo que sus hijos e hijas pasaban viendo la televisión u otras pantallas a los 12 y 18 meses de edad. Los síntomas del autismo se determinaron mediante el cuestionario M-CHAT, un instrumento de evaluación para la detección del Trastorno del Espectro Autista (TEA) en edades tempranas.

Como decíamos, los menores que veían la televisión a los 12 meses de edad, tenían un 4’2% más posibilidades de tener síntomas parecidos al autismo cuando cumplían dos años, pero no se determinó ninguna asociación entre las horas diarias de tiempo de pantalla en bebés de 18 meses de edad y los síntomas similares a los TEA cuando cumplían 24 meses, lo que indicaría que hay que evitar que los niños accedan a las pantallas hasta que cumplan los 18 meses.

Otro resultado que destacan los expertos es que el hecho de leer al bebé un cuento a diario, no se asocia con una reducción de los síntomas similares a los TEA a los 24 meses, algo que no ocurre en el caso de la interactuación de los padres con los bebés que, como ya hemos comentado, sí ofrece diferentes beneficios para el desarrollo. Para los expertos, los resultados no dejan lugar a dudas, es necesario centrarse en el tiempo de juego que dedican los padres a sus hijos e hijas.

Los resultados han sido cuestionados por otros investigadores, argumentando que la afirmación de que existe una relación entre el tiempo que los bebés pasan frente a la pantalla y los síntomas del autismo, es completamente absurda. Comentan que el estudio es pequeño porque el número de participantes fue de 2.152 bebés, consideran que la herramienta utilizada para observar el efecto no es particularmente efectiva para detectar el TEA, que los menores se desarrollan a ritmos diferentes y a edades tan tempranas es difícil poder diagnosticar con precisión el autismo.

Por tanto, consideran que se trata de una investigación inútil que puede provocar una preocupación innecesaria en las familias sobre el efecto que pueden tener las pantallas en los bebés. Lo cierto es que tienen algo de razón, sobre todo al apuntar las diferentes velocidades en el desarrollo y la imposibilidad de poder diagnosticar síntomas de autismo. Los expertos que discrepan de los resultados comentan que es ridículo publicar el estudio en su formato actual, cuando una gran parte de la población mundial está recluida en su casa debido al coronavirus.

En fin, como siempre comentamos, es necesario que se realicen nuevas investigaciones independientes en la misma línea y que cumplan criterios científicos para corroborar los resultados. Podéis conocer todos los detalles de la investigación a través de este artículo publicado en la página de la Universidad de Drexel (Estados Unidos), y en este otro publicado en la revista científica JAMA.

Foto | Javier Pincemin

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