Qué son los reflejos primarios o aberrantes

Los reflejos primarios son un conjunto de reflejos que se ponen en funcionamiento desde el mismo nacimiento del bebé y que se mantienen normalmente durante los seis primeros meses. Estos reflejos ayudan al pequeño a adquirir las habilidades que son controladas voluntariamente, pero si pasado este tiempo no desaparecen, pasan a denominarse reflejos aberrantes y delatan que existe algún problema en el desarrollo del sistema nervioso y neuronal.

Reflejos del bebé

Los reflejos primarios o aberrantes son un conjunto de reflejos que se consideran los más importantes y que se ponen en funcionamiento en el momento en el que nace el bebé, siendo esenciales para su supervivencia durante las primeras semanas. Se trata de un conjunto de movimientos automáticos e involuntarios que ayudarán al bebé a adquirir las habilidades que son controladas voluntariamente.

Este conjunto de reflejos deberá desaparecer gradualmente tras haber ayudado al bebé durante los primeros meses de vida, pero si al cabo de seis meses no han desaparecido, será una señal de que existe inmadurez del sistema nervioso, pudiendo entorpecer el correcto desarrollo de los reflejos posturales posteriores, como mantener el equilibrio, caminar, mantenerse erguido, etc.

Durante los seis primeros meses, este conjunto de mecanismos se denominan reflejos primarios, a partir de los seis meses y hasta los 12 meses de edad se denominan reflejos aberrantes, en esta etapa pueden proporcionar a los pediatras pistas sobre los posibles problemas en el desarrollo del sistema nervioso y neuronal del bebé. Dependiendo del tipo de reflejo que sea persistente, se llevará a cabo un determinado programa de actuación que pueda solventar el problema.

Los reflejos primarios se clasifican en seis tipos, el primero es el reflejo de gateo, que es la acción de estirar las piernas cuando al recién nacido se le toca la planta de los pies cuando está tumbado boca abajo con las piernas en flexión. El segundo tipo es el reflejo de Galant, cuando a un bebé tumbado boca abajo se le pasan suavemente los dedos sobre los riñones, provoca un ligero arqueamiento del cuerpo.

El tercer tipo es el reflejo de moro, cuando el bebé tiene la sensación de caer, abre completamente los brazos hacia los lados con las manos abiertas como si quisiera abrazarse. Es un mecanismo que tiene el cometido de advertir a los padres sobre un supuesto peligro de caída. El cuarto tipo es el reflejo de prensión, al poner un dedo al bebé para que se agarre a él, cierra la mano con fuerza, hasta el punto de que se podría levantar y mantenerse agarrado, suspendido en el aire durante unos segundos.

El quinto tipo es el reflejo de caminar, cuando al poner al bebé de pie en una superficie plana y sujetándolo por debajo de los brazos, al tocar con el pie en el firme parece querer dar un paso hacia delante levantando el pie y flexionando la rodilla. El sexto tipo es el reflejo de escalada, este mecanismo se identifica al coger al bebé por debajo de los brazos y con las piernas colgando, flexiona la rodilla intentando subir a la superficie de contacto al tocar con el empeine el borde de esta.

Como decíamos, tras cumplir su función, estos reflejos deberán desaparecer paulatinamente tras haber ayudado al bebé en los primeros meses de vida, si persisten, pasan a denominarse reflejos aberrantes y delatan la existencia de algún tipo de problema. Por ejemplo, si el reflejo de Moro persiste tras esta etapa, puede provocar dificultad de coordinación al jugar con una pelota, mareos en los viajes, dificultad de lectura, percepción visual deficiente, etc. De ahí que sea tan importante controlar la evolución de los pequeños, para asegurarse que se desarrollan de forma correcta.

Foto | Zabarte Jeremy

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