Mi hijo tiene fiebre, ¿voy al médico?

Cuándo ir al médico y cuándo intentar poner remedio a la fiebre en casa. Hasta 38 grados y si los demás síntomas no indican lo contrario, no hay porqué alarmarse. Por encima de esa temperatura o si los síntomas son preocupantes, tendremos que acudir a un médico, pero aún así no tiene porque ser algo grave. Si queréis más detalles, en este artículo los encontraréis.

No utilices un termómetro de mercurio, opta por uno digital

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Tan pequeños y delicados, es normal que los padres se preocupen cuando su hijo presenta unos grados de temperatura de más, por pocos que sean. Sin embargo, la fiebre no es algo tan terrible. Al contrario: activa el sistema inmunitario del cuerpo y le permite fabricar más glóbulos blancos, anticuerpos y agentes anti-infecciosos. Además, las temperaturas altas aniquilan muchos virus que sobrevivirían a 37°. Por otra parte, el aumento de la temperatura corporal no siempre se debe a una enfermedad. En niños y adultos se eleva generalmente por las noches, con humedades y temperaturas altas, cuando hacemos ejercicio, cuando vamos muy abrigados o cuando acabamos de vivir una jornada de emociones fuertes.

Así pues, si la temperatura no supera los 38° (37,9° de temperatura rectal si tiene menos de 90 días) no hay de qué alarmarse. Lo más recomendable en ese caso, y para reducir los riesgos de convulsiones y deshidratación es aquello tan sabido de sumergir el niño hasta el cuello en agua tibia -nunca fría-, lo cual permite reducir la fiebre hasta un grado. Una vez fuera, mantenerlo con muy poca ropa para permitir la pérdida de carol. Se le puede administrar paracetamol o ibuprofeno para disminuir la temperatura y calmar los dolores, algo que se recomienda hacer antes del baño. Sin embargo, jamás hay que darles aspirina si no es bajo prescripción médica. Este medicamento tiende a bajar la fiebre de los niños muy deprisa, lo cual puede producir delirios y espasmos. Además, puede provocar Síndrome de Reye, una enfermedad poco común pero muy grave que puede causar la muerte. Así que, hasta los 18 años, nada de aspirina. Tampoco son recomendables las friegas de alcohol, ya que al momento refrescan pero pueden causar temblores que eleven la temperatura.

Es importante fijarse qué síntomas presenta el niño además de la fiebre. Si el bebé tiene menos de tres meses, se debe acudir directamente al médico si le salen manchas en la piel, vomita o se toca la cabeza como si le doliera. Otros síntomas de consulta inmediata son la resequedad en la boca, el dolor de oído, garganta, estómago o intenso de cabeza, la palidez, los problemas de respiración, los llantos intensos con pausas para tomar aliento. También si el niño pierde el hambre, está irritable o la fiebre le aparece y desaparece durante varios dias. Otras de ellas, como la hinchazón de articulaciones, son ya a simple vista de gravedad suficiente como para llamar al médico.


Aunque no es muy habitual, algunos niños menores de 5 años sufren convulsiones febriles. Ni es epilepsia, ni lleva al niño a la epilepsia con los años. Se caracterizan por temblores en los miembros e incontinencia de esfínteres y pueden durar hasta cinco minutos. Ante esta situación, es esencial mantener la calma y quedarse con el niño hasta que el proceso finalice. Hay que mantenerlo acostado y de lado en un lugar donde no pueda hacerse daño, lo ideal es un suelo con alfombra. Naturalmente, hay que llamar al médico lo antes posible. A partir de ese momento y dados los antecedentes, sí que es recomendable consultar al médico siempre que el niño presente algo de fiebre para evitar otro episodio de convulsiones.

Esperamos que os sean útiles estos consejos, pero recordad que el fundamental: mantener siempre la calma y no hacer montañas de granitos de arena.

Foto: Holding on por sunshinecity

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