Los recién nacidos tienen una mayor respuesta cerebral ante el dolor en situaciones de estrés

Los resultados de un estudio muestran que los recién nacidos tienen una mayor respuesta cerebral ante el dolor en situaciones de estrés, aunque ese mayor dolor que experimentan no se ve reflejado en el comportamiento. Se trata de una disociación, es como si los recién nacidos desconectaran al sentirse abrumados por una experiencia dolorosa, como ser sometidos a la prueba del talón.

Dolor en los recién nacidos

Una investigación desarrollada por expertos del University College London concluye que los recién nacidos que se encuentran en una situación de estrés tienen una mayor respuesta cerebral ante el dolor. Sin embargo esta situación no se apreciaría por el modo en el que los bebés actúan, los investigadores comentan que el estrés parece conducir a una aparente desconexión entre las actividades cerebrales y el comportamiento de los pequeños, es decir, los bebés estresados no parecen responder al dolor, incluso si el cerebro todavía lo está procesando.

Cuando un bebé recién nacido se somete a un procedimiento doloroso, se incrementa la actividad cerebral y la respuesta conductual, un ejemplo evidente es el modo en el que llora, pero cuando el bebé está estresado, la respuesta cerebral a un proceso que infringe dolor es mucho mayor, y curiosamente esa mayor actividad cerebral no se corresponde con el comportamiento que muestra.

Un recién nacido no puede decir dónde le duele y qué grado de intensidad tiene su dolor, por ello, investigadores y médicos utilizan una serie de medidas como la observación del comportamiento para intentar averiguar estos datos, medidas que se utilizan en los centros hospitalarios para determinar si un bebé necesita sentirse más cómodo tomar determinados analgésicos, etc. El estudio tiene su origen en la base de que los adultos que se encuentran bajo estrés manifestaban que sentían más dolor, por lo que se barajó la posibilidad de que a los recién nacidos les pasara lo mismo.

Trabajaron con un grupo de 56 recién nacidos de los dos sexos, la primera etapa intentó determinar los niveles de estrés a través de los niveles salivares de cortisol, hormona esteroidea producida por la glándula suprarrenal que se libera como respuesta al estrés, además, se midieron parámetros como el ritmo cardíaco. Estas pruebas se realizaron antes de proceder a la punción de talón, prueba que se realiza a los recién nacidos para determinar la presencia de enfermedades congénitas que en muchas ocasiones no se manifiestan en el momento de nacer. Los expertos también llevaron a cabo una medición de la respuesta al dolor causado por esta prueba, registrando la actividad cerebral mediante un encefalograma y el registro de las expresiones faciales.

Según los datos obtenidos, los bebés con niveles más altos de estrés tenían una reacción cerebral más elevada ante la prueba del talón, curiosamente, esa mayor actividad detectada en el cerebro no se correspondía con un cambio en el comportamiento de los bebés. Los efectos del estrés en la respuesta cerebral eran esperados y no fue una sorpresa, pero sí el anómalo comportamiento de los recién nacidos, no existiendo correlación entre ambos parámetros.

Los investigadores explican que ahora tienen una mayor comprensión de lo que puede causar esta disociación, siendo los resultados una prueba más de que hay que extremar el cuidado y tratamiento que se les profiere a los bebés a fin de reducir el nivel de estrés y dolor. Hasta la fecha, posiblemente se haya estado subestimando la experiencia dolorosa de los bebés, de hecho, los médicos saben que los recién nacidos en ocasiones parecen desconectar y no responden como se esperaría cuando se sienten abrumados, esta investigación confirma este conocimiento.

Ahora se plantean nuevas investigaciones para analizar cómo otros factores, por ejemplo, la interacción de los bebés con las madres, influyen en el modo y la forma en la que los bebés procesan y experimentan el dolor. El estudio es interesante, por un lado ratifica científicamente lo que ya se sabía, y por otro, es un modo de advertir a la comunidad sanitaria que los bebés pueden sufrir mucho más el dolor de lo que parece. Podéis conocer todos los detalles de la investigación a través de este artículo publicado en la página de la UCLH, y en este otro de la revista científica Current Biology.

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