Los padres llevan a los recién nacidos a urgencias por muchas razones que no son urgentes

Según una investigación estadounidense, los padres llevan a los recién nacidos a urgencias por muchas razones que no son urgentes, por eso recomiendan que siempre que sea posible, acudan al servicio de pediatría normal, se informen sobre los síntomas que son normales o motivo de preocupación antes de acudir a urgencias, etc.

Servicios de urgencia pediátrica

Sabemos desde hace algunos años que muchos niños acuden a los servicios de urgencias de ambulatorios y hospitales sin necesidad, tienen problemas de salud que deberían atenderse a través de otro canal asistencial, la consulta programada con el pediatra. Se entiende que los padres tengan una especial preocupación cuando se trata de bebés, pero en el caso de niños más grandes lo lógico es acudir al pediatra del ambulatorio, que determinará si es necesario acudir a urgencias.

El caso es que hoy conocemos un estudio realizado por expertos de la Universidad de Utah (Estado Unidos) que toca nuevamente este tema, pero centrándose en los bebés. Según las conclusiones, los padres llevan a los recién nacidos a urgencias por muchas razones que no son urgentes. Los expertos reconocen que una de las cosas más difíciles de ser padre primerizo es reconocer cuándo un bebé está enfermo y realmente necesita ir al servicio de urgencias, y reconocer síntomas que parecen preocupantes pero que en realidad son normales.

Un padre ansioso y preocupado puede llevar al bebé a urgencias por todo tipo de motivos, por ejemplo, que vomite, que las heces tengan una apariencia extraña, etc. Un bebé puede vomitar o regurgitar y ello puede deberse a que su estómago es pequeño y ha comido en exceso. Los expertos comentan que esto no es un problema, sobre todo si el bebé sigue comiendo, realiza correctamente sus funciones corporales y se desarrolla adecuadamente, este es sólo un ejemplo.

Los expertos creen que es útil aconsejar a los padres que esperen antes de ir al servicio de urgencias, por otro lado, acudir al pediatra es la mejor solución porque el problema se podría abordar de manera más efectiva. Pero otros médicos comentan que las diferencias entre la patología potencialmente peligrosa y el comportamiento normal del bebé pueden ser sutiles, por tanto, y dado que los padres no son médicos, creemos que es necesario adoptar el principio de precaución y llevar al bebé al servicio de urgencias y esperar que lo atienda un pediatra, ya que otros médicos no especialistas podrían tener problemas para distinguir los signos, síntomas y comportamientos normales o peligrosos de los bebés.

Algunos padres se preocupan por la evolución de la curación del muñón del cordón umbilical, como sabemos, éste se vuelve marrón o negro, desprende mal olor y termina cayéndose al cabo de una semana, siendo un proceso normal. Diferente es cuando aparecen secreciones y fiebre, lo que indicaría que puede haberse producido una infección y sería necesario acudir rápidamente a los servicios de urgencias. Pues bien, los síntomas normales descritos ya son motivo para algunos padres para ir a urgencias.

Cierto es que algunos síntomas pueden ser fácilmente detectables y que muchos padres se informan a través de los pediatras sobre cómo debe evolucionar un bebé, cómo se cura el cordón umbilical, por qué regurgita, etc., pero es difícil saber qué problemas de salud infantil pueden ser verdaderas emergencias, y como ya hemos comentado, es lógico que se termine acudiendo a los médicos. La solución es que se puede concertar una vista con el pediatra el mismo día en el que los padres se preocupan por ciertos síntomas, pero si no es posible, entendemos que se termine acudiendo a las urgencias de un ambulatorio o un hospital.

En definitiva, estamos de acuerdo con algunas cuestiones del estudio, pero no con otras, los investigadores deben partir de la base de que los padres no son médicos y como dice un pediatra, las diferencias entre la patología potencialmente peligrosa y el comportamiento normal del bebé pueden ser sutiles, y los padres pueden no detectarlas. Podéis conocer todos los detalles de la investigación a través de este artículo publicado en la revista American Journal of Emergency Medicine y en la página web de la Universidad de Utah.

Foto | Honza Soukup

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