¿Los niños de preescolar deben beber leche entera?

La leche entera podría tener un mayor poder saciante y facilitar la reducción del consumo de otros alimentos y bebidas calóricas, de ahí que un estudio recomiende que los niños en edad preescolar tomen leche entera.

Alimentación infantil

Un estudio longitudinal de la primera infancia desarrollado en Estados Unidos, realizado por investigadores de la Universidad de Virgina, ha determinado que los niños de preescolar deben beber leche entera, curiosamente indican que el consumo de leche semidesnatada o desnatada puede estar asociado al aumento de peso. Según los resultados, el peso medio del grupo de niños que bebieron leche entera era menor que el grupo de niños que tomaban leche desnatada, hay que decir que los investigadores tuvieron también en cuenta otros factores condicionantes que podían alterar el peso.

Hasta la fecha, la Academia Americana de Pediatría (AAP) y la Academia Americana del Corazón han estado recomendando que los niños a partir de dos años de edad consuman leche semidesnatada o desnatada para reducir el consumo de grasas saturadas y por tanto reducir el aumento de peso excesivo. Pero los investigadores advierten que se trata de una recomendación que no es funcional y que los resultados pueden ser variables y mucho más complejos de lo que parece.

Para llegar a la citada conclusión, se puso en marcha el estudio dividido en dos etapas, se realizó una encuesta a los padres de 10.700 niños de 2 años de edad, preguntando sobre el tipo de leche que consumían, desnatada, semidesnatada, leche con un 2% de grasa, leche entera o leche de soja. Esta misma encuesta se realizó de nuevo cuando los niños habían cumplido los 4 años de edad, en esta ocasión la encuesta fue más extensa y se añadieron otras preguntas como la frecuencia con la que los niños bebían leche, si consumían zumos de frutas o refrescos azucarados… los expertos procedieron a pesar y medir a todos los niños, se pretendía tener una idea sobre la ingesta de grasas y azúcares, pero nos sorprende que no preguntarán sobre el tipo de dieta que mantenían, si hacían ejercicio regularmente y otras cuestiones que tienen mucho que ver con el peso y el desarrollo de los niños.

A los dos años de edad, la prevalencia del sobrepeso u obesidad en los niños de 2 años de edad era de un 30%, a los cuatro años la cifra se había incrementado hasta el 32%. Se constató una ligera tendencia al aumento de peso con el paso del tiempo y no se habían encontrado diferencias entre los niños que habían tomado uno u otro tipo de leche, por tanto se determina que la leche semidesnatada o desnatada no ofrece ningún beneficio a la hora de regular el peso corporal, se admite que quizá los que ya sufrían sobrepeso u obesidad y tomaban leche entera podrían haber ganado algo más de peso, pero se habla en términos generales.

Segmentando los resultados y centrándose únicamente en los niños que habían tomado la leche sin grasas y que no sufrían sobrepeso u obesidad, se constató que tenían un 57% más de probabilidades de sufrir sobrepeso a los cuatro años de edad. Si a estas edades los padres ofrecen este tipo de leche es porque tienen el deseo de controlar el peso y evitar que los niños sufran sobrepeso, pues la lógica sugiere que a menor ingesta de grasas, resulta más fácil llevar este control, de ahí que brindaran a sus hijos leche desnatada. Pero en realidad, la grasa que contiene la leche podría tener un efecto saciante reduciendo el apetito al incrementarse el nivel de serotonina en sangre, neurotransmisor que tiene un papel importante en la inhibición del apetito, por lo que los niños comerían menos alimentos grasos o calóricos al tener menos necesidades energéticas.

Por esta razón, recomiendan que los niños deben tomar leche entera y que se controle el peso y la actividad física que realizan los pequeños, evitar el sedentarismo y el consumo de bebidas azucaradas que aportan una mayor cantidad de calorías vacías asociadas al sobrepeso, es decir, adoptar aquellos hábitos para combatir la obesidad infantil. Podéis conocer todos los detalles del estudio a través del artículo publicado en la revista científica Archives of Disease in Childhood.

Foto | Caza_Nº_7

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