Los hospitales son demasiado ruidosos para los bebés prematuros

Según los resultados de un estudio, los bebés prematuros están expuestos en las unidades de cuidados intensivos neonatales, a un nivel de ruido situado por encima de 45 decibelios, nivel establecido por la Academia Americana de Pediatría como seguro. Otro dato que se constata, es que los bebés reciben una exposición limitada a sonidos que contribuyen a su desarrollo.

Según un estudio desarrollado por investigadores de la Escuela de Medicina de San Luis de la Universidad de Washington (Estado Unidos), los hospitales son demasiado ruidosos para los bebes prematuros, concretamente las unidades de cuidados intensivos neonatales. Los expertos consideran que los bebés están siendo expuestos a un nivel de ruido superior al que se considera seguro según la AAP (Academia Americana de Pediatría).

A su vez, los investigadores apuntan que han detectado que los bebés prematuros pueden carecer de una exposición a sonidos que son beneficiosos para ellos, como por ejemplo el lenguaje y la música, factores que pueden mejorar el desarrollo temprano. En el estudio se concluye que, en teoría, los bebés prematuros están protegidos del ruido excesivo, pero en la práctica el nivel de ruido resulta elevado.

Otros resultados que se desprenden del estudio son que los investigadores encontraron que en las habitaciones privadas que cada vez suelen ser más habituales en las unidades de cuidados intensivos neonatales, tienen períodos de silencio mucho más largos que en las zonas de las unidades donde están presentes varias cunas. A esto hay que añadir que se producen muchos sonidos de naturaleza mecánica, sonidos muy distintos a los que se consideran beneficiosos, como la voz humana o la música entre otros.

La diferencia entre estar en una habitación privada y una sala hospitalaria junto a otros bebés se traduce en un desarrollo del lenguaje más pobre a los dos años de edad para este último grupo de bebés. Claro, que no sólo influyen los sonidos beneficiosos, los expertos en terapia ocupacional y de pediatría comentan que en las mejoras del desarrollo también influyen las caricias y el contacto con los padres. En este sentido, se considera que las habitaciones privadas son muy silenciosas y si los padres no visitan con frecuencia al bebé y participan en sus cuidados, ese supuesto beneficio se pierde.

UCI Neonatal

En la investigación se utilizaron dispositivos de procesamiento de lenguajes digitales para captar todos los sonidos que se producían en el ambiente donde estaban los bebés prematuros. Estos dispositivos se colocaron sobre las cabeceras de las cunas de los 58 recién nacidos prematuros de la unidad de cuidados intensivos neonatal del Hospital de Niños de St. Louis. 33 se encontraban en una sala abierta y 25 en habitaciones privadas. Todos los bebés nacieron a las 28 semanas de gestación o antes, las grabaciones se realizaron en las dos semanas inmediatas al nacimiento y posteriormente se realizaron nuevas grabaciones a las 30, 34 y 40 semanas.

Los resultados mostraron que el nivel medio de ruido fue algo inferior a 59 decibelios, con picos de hasta 87 decibelios. Según la AAP, se recomienda evitar niveles por encima de 45 decibelios, algo que parece bastante complicado, ya que a menudo el ruido procedía de la actividad del equipo médico, actividad que es esencial para la supervivencia de los pequeños. Cierto es que se han realizado avances en este campo y se ha reducido en los últimos años el nivel de ruido, como por ejemplo el cambio de los sistemas de alarma de enfermería por canciones de cuna, pero los ventiladores que son esenciales para los bebés con problemas respiratorios siguen siendo muy ruidosos en una intervención crítica puntual.

Se constató que a medida que pasaban las semanas, los bebés eran expuestos a un menor nivel de ruido, algo que se explica porque ya no necesitan la ayuda de aparatos y otros equipos médicos. Se comprobó que los bebés estaban expuestos al lenguaje humano con más frecuencia pero de forma insuficiente, con una media de 30-35 minutos durante un período de 16 horas. En definitiva, se ha de trabajar para que los bebés estén expuestos a un menor nivel de ruido mecánico y más tiempo de exposición a sonidos que favorecen el desarrollo, así como el contacto humano. El estudio es interesante, podéis conocer más detalles a través de la página web de la Universidad de Washington.

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